Este mito recrea un esquema familiar en cierta épica. Un hombre y una mujer se enamoran, algún conflicto pone en peligro su relación –pero no sus sentimientos- y un desenlace victorioso los reúne. Quizás sea necesario abstraerse para habilitar ese universo donde el amor prevalece y triunfa. Este sería el esfuerzo que el género romántico demanda a escépticos y sarcásticos.
Pero al parecer, hay quienes están dispuestos a emprenderlo. En Estados Unidos, 1.600 autores de este género acapararon el 39.9% del mercado de lectores, generando en 2004 una facturación de 1.200 millones de dólares.
En España, se publican cada día, dos nuevos títulos de novela romántica, que representa un 7% del mercado local, logrando una venta anual superior a los 60 millones de euros. Fundada en Canadá en 1949, Harlequin se convirtió en la principal editora mundial de novela romántica; su filial en Madrid vende 160 millones de libros al año en España y Latinoamérica y cuenta con un estimado de 50 millones de lectores. Sus directivos garantizan que en los últimos cuarenta años los protagonistas de las novelas que publicaron se besaron 20.000 veces, se abrazaron 30.000 y se casaron en 7.000 oportunidades. Argentina, donde se estima que el género representa el 11 % de las ventas, no permanece inmune a los alcances de la revolución romántica.
En 2006, las editoriales Suma de Letras, perteneciente al grupo Santillana, y El Ateneo lanzaron dos nuevos sellos dedicados a la novela romántica: Manderley y Rubí, respectivamente. El primero inició su catalogo con la publicación de Lo que dicen tus ojos, de la argentina Florencia Bonelli, con una primera tirada de 5.000 ejemplares en el país y 9.000 en España – donde fue necesaria una segunda reimpresión -. Manderley también sumó autores internacionales.
Por su parte, Editorial El Ateneo, con su sello Rubí, imprime 7.000 ejemplares, exporta el 60%, y apuesta a grandes títulos de romance histórico. El señor del deseo de Paula Quinn, La dama de Friarsgate y Mi pasión eres tú (dos novelas de la saga de Friarsgate) de Bertrice Small y Las hijas del Capitán de Benita Brown no sortearon dificultades para convertirse en los más vendidos. “El romance histórico – explica Luz Henríquez, directora editorial de El Ateneo- es un producto masivo destinado a un público femenino de clase media y alta. Nuestros libros tienen solapas y letras doradas, lo que les da jerarquía y esa estética rococó que tiene que ver con lo romántico antiguo. La mayoría de las tapas se produce acá; se hace la producción fotográfica y sobre eso se diseña la ilustración. A Paula Quinn le encantó la de El señor del deseo, por que a él se lo ve apasionado y muy varonil, con todos esos músculos.....
El género es adictivo, no por nada es el más vendido. La combinación de amor y aventura, además de la presencia de la pasión física, es irresistible. Lo histórico le da un valor agregado a la persona que quiere entretenerse con el romance; se habla de gastronomía, vestimentas, costumbres, ambientación, política......
Detrás de cada detalle hay una rigurosa investigación. Hay que tener un gran respeto por el público. En Rubí realizamos una selección de lo que se publica en inglés, italiano, francés y alemán, y editamos lo mejor”
El genero representa el 6% de la venta total de Ediciones B, que tiene cuatro colecciones de romance: Amor y Aventura (histórico), Seda (con suspenso), Para Siempre (con núcleo sentimental) y Boulevard (contemporáneo). Este último sello se ocupa de un nuevo sub género, el chick lit (literatura para chicas); sus novelas ambientadas en la actualidad tienen tanta presencia de moda y ciudad, como de humor. Sus heroínas están fielmente representadas en la pantalla por Carrie Bradshaw (Sex and the city) y Bridget Jones (El diario de Bridget Jones): treintañeras profesionales, con conflictos que van mas allá de lo romántico. Compras compulsivas, salidas desenfrenadas, la conquista del hombre ideal o la huida del indeseable (a veces, estas dos instancias se dan simultáneamente) y las amigas forman parte de este universo. Este mes, el Grupo Planeta lanzó al mercado el sello Esencia, especializado en literatura romántica y chick lit. Lo hizo con un titulo significativo “Mujeres de Manhattan de Candance Bushnell - la autora de Sex and the city- y una primera edición de 4.000 ejemplares.
Editorial Sudamericana, a través de sus sellos Cisne y Plaza y Janés, también participa del mercado romántico, con tiradas de 3.000 ejemplares. Concientes de las repercusiones de la revolución romántica, en 2006 apuntaron a una publicación más consecuente de Cisne, que edita nueve novedades anuales, además de los clásicos. En febrero del año pasado, la editorial Vestales –creada en 2003- realizó una convocatoria de manuscritos de autoras de habla hispana y siete meses mas tarde inauguró su colección La educación sentimental, dedicada exclusivamente a escritoras de habla hispana, con la obra seleccionada: He aquí un secreto, de Soledad Pereyra. En enero de este año lanzó Si encuentro tu nombre en el fuego, una novela romántico-histórica ambientada durante la primera invasión inglesa, escrita por la historiadora Gabriela Margall.
Ediciones Urano cuenta con el sello Titania, dedicada al género; dentro de él, varias colecciones especializan la apuesta romántica: Histórica, Contemporánea y Fantasy, cuyas novedades alcanzaron en 2006 cifras de ventas que oscilaron entre los 6.000 y 10.000 ejemplares por título.
Sosteniendo y alimentando este boom se encuentran las lectoras. Nucleadas en foros, se reúnen en Internet para debatir sobre personajes, tramas y novedades. Su fidelidad y entusiasmo por el género las asemeja a sus heroínas preferidas, aquellas que buscan, reclaman y consiguen lo que desean. En la Argentina están representadas por Gauchas Románticas (www.gauchasromanticas.com) y Universo Romance (www.universoromance.com.ar) . “Salimos al mercado – explica Nelly Nebe Soria, una de las fundadoras de Gauchas Románticas-, en lugar de esperar a que éste venga a nosotras, bombardeamos a las lectoras románticas y leemos un promedio de cuatro libros al mes. Manejamos informaciones inéditas para cualquier lector, ya que estamos al tanto de todo lo que se publica en el mercado internacional. Compramos algunas novelas por Internet o nos metemos en las páginas de las autoras de habla inglesa. Las que hace 20 años que leemos este género, no ponemos llave en la cerradura ni bajamos las luces cada vez que agarramos una novela. Pero es difícil encontrar con quien comentarla. Todos leyeron El código Da Vinci pero nadie confiesa que disfrutó de La novia rebelde, de Julie Garwood. Cuando uno lo dice te miran como diciendo: “No pensé que eras esa clase de persona”. Estamos bastante menospreciadas: si pedís en una librería Secretos en la noche, de Linda Howard, por ejemplo, en general te ofrecen otro tipo de novela.”
Acerca de los prejuicios
del género, Soria dice: “leer un policial no te transforma en asesino serial; de la misma manera, leer novela romántica no baja tu coeficiente intelectual. En cierto sentido, son la versión moderna de los cuentos de hadas”.
Pero que tienen que son tan atractivas?: “Son historias que se disfrutan y hacen trabajar la imaginación, pero después tenés que volver al mundo real. Pretender vivir algo similar a lo leído es peligroso. En una conversación típica de lectoras a veces se escucha: ¿Dónde están esos hombres que nos describen estas autoras?. Y ..... están en los libros; esos hombres no fueron paridos, sino escritos. La novela romántica es entretenimiento puro, no una guía ejemplar. Yo noto en las lectoras mas jóvenes cierto idealismo, esas ansias por el hombre de mi vida; las más experimentadas les explicamos que a veces se encuentra y otras, no. O que un hombre puede ser el de tu vida solo por un año. Todo esto se da en el foro que armamos con Natalia Klein, del que participan 150 lectoras, desde los 17 a los 65 años; compartimos opiniones, organizamos sorteos y encuentros”, explica.
Sus inicios en el género fueron esbozados por Jane Eyre, de Charlotte Bronté: “Yo tengo 43 años y leo desde los 12; en 1979 compré a través del Circulo de Lectores La novia cautiva, de Johanna Lindsey, y fui yo la que quedé cautivada. Era una historia de amor con escenas eróticas. Pensé: ¿Qué es esto?. Después empecé a leer otras autoras como Jude Deveraux, Karen Robards o Kathleen Woodwis y fue mi perdición. En los 80 no era raro que los personajes masculinos hablaran a los gritos, fueran infieles o ejercieran algún tipo de violencia. Hoy en día no son bien vistas estas cosas. Julie Garwood, Lisa Kleypas, Linda Howards, Nora Roberts, Susan Elizabeth Philips o Kinley Macgregor, que son autoras más modernas, se encargaron de humanizarlos. A las lectoras nos gusta que el protagonista sea muy masculino pero que esté comprometido con sus sentimientos y sea capaz de expresarlos – aunque sea con fórceps -. También que tengan personalidad como su enamorada. Los sufridos también resultan favoritos: en la novela histórica son los que llevan cicatrices de alguna batalla y en la actual, cargan con un pasado tormentoso o fuera de la ley. También pueden haber sido traicionados por algún amigo o familiar. No expresan sus sufrimientos pero ellas descubren que, detrás de esa personalidad avasallante hay un alma herida, que necesita contención. Si alguien quiere saber por que me gusta tanto la novela romántica, yo le recomendaría que lea Flores en la tormenta, de Laura Kinsale”.
Pero los personajes masculinos atractivos no son el único sine qua non del género, que se define en sus características primarias: la historia debe centrarse en el amor de un hombre y una mujer y su final debe ser feliz. La idea “.... y se amaron por el resto de sus vidas” no está sometida a ningún tipo de dudas. La historia debe tener un remate coherente con el resto de la trama, quedando excluidos los finales abruptos. Puede haber una relación de odio y rencor entre los protagonistas, previa a su enamoramiento, el que debe producirse antes de la segunda mitad del libro. En este caso, las autoras deben asegurarse de que el lector cuente con los indicios claros de una atracción entre los dos, a pesar de la aparente discordia establecida. El incesto y el adulterio no son temas tratados por las autoras, quienes también eluden las escenas demasiado cruentas. En cambio, ciertos detalles sexuales narrados de manera explícita cuentan con el guiño de editores y lectoras: el amor entre los protagonistas los requiere y justifica. Algunos personajes secundarios, pero no todos, enriquecen la trama con sus historias sin opacar la principal. Ellos también se encargan de dar una cuota de humor a la narración, cuando son extravagantes. El género hizo concesión a la actualidad; los protagonistas no fuman, son respetuosos de la independencia femenina y muchos de ellos utilizan preservativo, con la misma naturalidad con que antes se calzaban el yelmo antes de la batalla. De la misma manera que las heroínas abandonaron la languidez y cierto tono de víctimas para tomar las riendas de sus sentimientos y destino.
Además de ser físicamente agraciadas (solo excepcionalmente no son decididamente apabullantes), ellas destacan por su carácter decidido, inteligencia y capacidad para luchar por sí misma y los suyos (dentro de los cuales se cuenta el enamorado). Se le permite algún error, producto de su arrebato, pero esta acción no debe repetirse a lo largo de la trama.
“El sacerdote dice que las mujeres son la vasija más frágil, pero yo creo que se equivoca. Las mujeres pueden ser fuertes e inteligentes, (...) La divisa de mi familia, Treces Votre Chemín, significa Traza tu propio camino”. Quien asegura esto es Rosamund Bolton, en la Inglaterra del siglo XVI. La heroína de La Dama de Friarsgate es capaz de renunciar al matrimonio –pero no al amor, ya que decide permanecer como amante de su enamorado- para no tener que abandonar el dominio de sus tierras. No es la única que hace honor a su inteligencia y fortaleza. En la contemporánea Ella es tan dulce, la protagonista recomienda a su sobrina adolescente: “A la gente le atrae la amabilidad. Eso no significa que dejes de defenderte, solo que no lo haces pisoteando a los demás, excepto cuando hay que pisotearlos, en cuyo caso lo haces en forma directa (...). Una manera de afianzar tu poder es aprendiendo cuando hay que dar un paso adelante, cuando reconocer que estabas equivocada y cuando plantear batalla.”
Estas heroínas responden al arquetipo de Atenea (diosa de la sabiduría), la energía femenina que se expresa a través de la acción. La deidad es conocida por sus estrategias de victoria y soluciones prácticas: es guerrera pero también, pacífica y conciliadora. Cuando Atenea gobierna la psique, la mujer esta motivada por sus propias prioridades, es capaz de desarrollar las mejores tácticas en medio de un conflicto y apela a la lógica de manera intuitiva. Suele ser muy buena compañera y confidente de los hombres. Sin embargo, bajo el matiz del género, estas cualidades no son suficientes para una protagonista romántica. Es necesario añadir otros atributos, que aporta Afrodita (diosa del amor y la belleza). Una mujer enamorada y correspondida es el ejemplo de este arquetipo: se siente atractiva y sensual, sus impresiones sensoriales se vuelven mas intensas y no duda en entregarse al placer. Afrodita esta asociada al disfrute del amor, la belleza, la sensualidad y la sexualidad. La mujer afrodita sabe usar su encanto y poder de seducción para conseguir lo que desea. Gestada en la fusión de estos dos arquetipos, la heroína romántica esta destinada a lo irresistible.-
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