Es incomparable el placer de leer un buen libro.
Aunque provengo de una familia donde sólo mi padre era lector, siempre se nos alentó a disfrutar del placer y la compañía de un buen libro.
Quizás parezca que tratamos de loar las virtudes y los beneficios que puede aportarnos un buen libro, incluso desde su aspecto material.
Suelen ser fáciles de transportar, ofrecen entretenimiento a un costo relativamente bajo, la práctica de la lectura silenciosa hace que no se moleste a terceros, de hecho no contaminan (suelen ser de material orgánico) y no generan ruidos molestos.
Esparcen luz sobre las sombras de nuestra ignorancia y, por si fuera poco ofrecen un placer indescriptible cuando encontramos la frase exacta, esa que cierra un pensamiento o una idea inconclusos.
Invitan a la reflexión, y a diferencia de otros medios de comunicación, podemos retroceder y releer esa página que tanto nos gusto o sobre la cual nos quedaron dudas.
Pero lo que más me sigue maravillando de los libros es que generan vínculos que trascienden el mero acto de la lectura.
Si bien es cierto que los libros tienen su propia materialidad, solo son objetos cuadrados, con hojas, llenos de caracteres generalmente oscuros, con cubiertas más o menos bonitas y atrayentes.
Pero ese mismo libro, en cuanto lo tomamos en nuestras manos, lo abrimos, lo leemos, le otorgamos sentido, cuando nos apropiamos de él, intelectualmente hablando, cambia y seguramente nosotros cambiamos con él.
Lo que trato de decir es que es tan importante el lector, como el libro mismo y que ese lector anónimo, también tiene su presencia física detrás de ese libro.
Nuestra afición a la lectura y esa increíble herramienta que ha significado el Internet, han sido el vehículo para que mujeres de distintas partes del país nos comunicáramos y a partir de ello, compartiésemos experiencias, vivencias, dudas, conocimientos.
Como nunca es suficiente y afortunadamente las circunstancias así lo permitieron pudimos conocernos y reconocernos como parte de una comunidad de lectura.
Una de esas experiencias se desarrolló en Río Cuarto (Córdoba) el último 21 de Julio de 2007.
La cita era con motivo de “el día del Amigo”, o quizás debiéramos decir “la excusa”.
Sinceramente y desde hace mucho tiempo no recuerdo haber asistido a una reunión con mujeres, a las que prácticamente no conocía, en la que me haya sentido tan cómoda.
La camaradería, el deseo de conocernos, de compartir, de ponernos rostro y así afianzar lazos, que aunque invisibles ya nos han envuelto, la energía positiva que fluía en todas direcciones, fueron la constante en una reunión que se prolongó por horas.
Todas somos diferentes, provenimos de lugares diferentes, con historias, formaciones, gustos y pensamientos diferentes, sin embargo compartimos una “pasión”, nuestro gusto por la “literatura romántica”.
Personalmente, aunque creo que puede ser un sentimiento compartido, participar de esta comunidad de lectura me ha posibilitado conocer nuevas amigas, me ha acercado a gente interesantísima y que de otra manera no hubiese conocido, me ha permitido relacionarme en forma diferente con las autoras y sus obras.
Por otra parte, visto fríamente, gané en diversidad, en conocimiento, en afecto, en contención, en deseos renovados al reconocerme en el otro.
Participar del Foro ha abierto nuevos caminos a mi vida, nuevas puertas por las que asomarme a mirar el mundo, y sin lugar a dudas, sólo puedo concluir que no debe tratarse sino de “amistades muy peligrosas”, de dudosa procedencia, que sólo pueden conducirme a “ser una mejor persona”……
Sólo por eso, GRACIAS A TODAS!!!!!!!!
En especial a Romina, Karina, Paulina, Valeria, Gelly, Naty, Cecilia, Marisa Mónica, Aida, Claudia Viviana y Naty Nqn (que nos llamó por teléfono) por la hermosa reunión en Río Cuarto.