Lo interesante de escribir para un foro de lectoras románticas es la soltura con que podemos hacerlo. Situación que brinda libertades nada despreciables, sin olvidar o dejar de lado la responsabilidad y honestidad de quien comunica algo.
Cuando empecé a participar del foro, tomé conciencia de la increíble cantidad de producción en literatura romántica que existe, totalmente desconocida para mí. A eso se suman las autoras, subgéneros, sagas y series con continuidad en el tiempo.
Muchas de estas autoras son portadoras de verdaderos genios literarios, algunas de ellas expertas en un periodo histórico determinado, sea medieval, la Inglaterra Victoriana, la Regencia etc. De hecho la mayoría de estas autoras son de habla anglosajona, aunque empiezan a aparecer excelentes autoras de habla hispana.
En la novela romántica histórica, nos encontramos con interesantes trabajos de investigación. En estos libros se percibe claramente tiempo invertido en la preparación de la novela, en indagar sobre las costumbre de las aldeas, sitios históricos, batallas, acontecimientos, heráldica, hábitos alimenticios, de higiene, vestimenta, en fin, todo aquello que da cuenta de la cotidianeidad de pueblos, y su modo de vida, e incluso de sus personajes históricos.
Claro que para apreciar los contenidos de los libros o conocerlos, sería necesario primero tomarse la molestia de leerlos.
El tema que nos ocupa en este artículo es intentar ofrecer un esbozo de interpretación que permita entender por qué la literatura romántica goza de tan poca consideración en la literatura en general. Se trata de una visión y, por lo tanto, no es definitiva ni inobjetable, sólo es un aporte que intenta superar el mero comentario despectivo.
Dado a que mi conocimiento sobre el tema no es amplio, apelé a lo que dicen los que más conocen del tema. Así descubrí que para empezar a hablar, deberíamos poder ponernos de acuerdo en qué entendemos por literatura culta o canónica y su contrapartida, literatura popular o masiva.
En este sentido, la literatura culta se caracteriza por ser siempre escrita, con un cuerpo de texto definitivo, al que se denomina cerrado, estático y generalmente de autor conocido. Esto último hace referencia a que en algún momento, este autor desconocido, obtuvo el reconocimiento de sus pares, detentadores del discurso literario hegemónico en su época, generalmente académicos, por producir de acuerdo a los cánones literarios vigentes.
Se consideran obras para un público selecto, con interéses y hasta edades comunes.
Como contrapartida, la literatura popular o masiva suele ser anónima, trasmitidas en forma oral, por lo tanto pueden estar sujetas a los cambios que les imprimen quienes la divulgan. Pueden ser escrita o no, pero es importante destacar que por considerarse “popular”, eso no significa de ninguna manera desdeñable, grandes obras de la literatura han salido de tradiciones orales.
Dado que la novela romántica tiene sus antecedentes de mayor divulgación en los siglos XIX, especialmente orientado hacia un público femenino, a partir de las “novelas por entregas”, pueden enrolarse dentro de la literatura popular o masiva.
Sólo vamos a hacer referencia a que por lo general, su argumento esta centrado en torno a las peripecias amorosas de sus protagonistas. Ésto se debe a que más allá de la caracterización que de ella podamos hacer, no es el objeto directo de este artículo; pero si vamos a necesitar conocer las críticas que desde fuera, se le hacen a las novelas románticas.
Entre ellas una de las más contundentes es que evaden todo tipo de crítica social o ideológica.
Retratan un medio social falso de opulencia, grandes mansiones, ocio frívolo, desinterés por el entorno, Sus personajes carecen de características propias, responden a estereotipos, por lo que tienden a parecerse, y hace que a su vez todas las novelas tiendan repetirse o a ser muy similares entre si. Situación conocida por todas, pues para que se trate de una novela romántica debe contener una determinada estructura, aunque lo mismo sucede si se trata de un cuento infantil o de terror.
Una vez hecha esta caracterización tan grosera de las principales objeciones a la literatura romántica, recordé porque debo pedir públicas disculpas a mi padre, a mis hermanos y, por supuesto, a mi esposo por uno de mis muchos pecados.
Imagínense, tanta esmerada educación para terminar leyendo “libros pornográficos”, en la expresión más común de los varones de mi familia.
En mi búsqueda me encontré con la producción de una autora Esther FORGAS BERDET quien expone que en el SXIX las mujeres que escribían no podían hacerlo sin el temor a convertirse en seres marginales, pues lo primero que debían hacerse perdonar era “el pecado de la escritura”. Y para publicar no sólo debían demostrar su capacidad literaria, sino y, ante todo, su “bondad y limpieza de intenciones”.
Esto sin lugar a dudas las obligó a tener que “negociar” muchas cosas.
Sabemos que somos las mujeres quienes perpetuamos el modelo social vigente, como encargadas de la educación informal familiar. Por lo tanto, para ser aceptadas debían dejar en claro que siendo mujeres se ajustaban a los prototipos del modelo social que perpetuaban y cuyos preceptos y mandatos eran dados por hombres.
Tenían en claro que serían doblemente juzgadas, por sus textos y por lo que sus textos decían de ellas. Claro que la autora deja en claro que en el Siglo XIX no estamos hablando de la lucha de la mujer por obtener su puesto en el discurso literario de la época, sino su larga lucha por tener un puesto marginal en el discurso literario masculino al que ni siquiera se lo consideraba “hegemónico” sino “el único posible”.
Quisiera creer que a principios del SXXI muchas cosas han cambiado , pero, ¿realmente han cambiado?.
Es innegable que durante el siglo XX las mujeres hemos ganado posiciones en todos los órdenes de la vida pública, ( la vida privada es cuestión aparte) tenemos jefas de estado, ejecutivas, ministros, profesionales en casi todos los órdenes, etc. Eso, sin renunciar a lo que nos es propio, ser madres, dirigir una casa, ser esposas…¿nos es propio?...(hummmmmm)
Hoy podemos leernos dentro de la historia como protagonistas de movimientos sociales, incluso leer la “historia de las mujeres” eso sí, “escrita por hombres”.
¿A dónde quiero llegar? Realmente el modelo social que se desarrollo y asentó en el SXIX que pone en juego el concepto económico de familia como pilar de la sociedad moderna ¿no sigue vigente en el imaginario social del siglo XXI?
Personalmente creo que sí.
Entiéndanme, los procesos sociales, económicos y políticos cambian mucho más rápidamente que el “imaginario social”; aquello que perdura y pervive en nuestras mentes como “correcto” o al menos, como “debería ser”…( que generalmente no coincide con “lo que es”… hoy en día asistimos al surgimiento de los más variados modelos de familia que podamos pensar, lo que no implica que en nuestra mente perdure “un” modelo de familia).
Ahora bien, si este modelo sigue vigente, el orden patriarcal de una sociedad profundamente machista también. (Eso no es ningún descubrimiento)
El punto es que durante el siglo XX tuvimos los avances suficientes en todos los órdenes como para tomar distancia y analizar estos procesos. (por eso podemos plasmarlo en este artículo) y, la verdad, no nos gusta lo que vemos.
Llama mi atención que, la mayoría de las veces, quienes tienen comentarios descalificantes o peyorativos hacia las novelas románticas son “otras mujeres”. Y tiene mucho sentido. Como nuestro pasado no ha sido sencillo,… pues reneguemos de él (una suerte de “mi pasado me condena”).
Después de todo, los hombres aseguraban que “las lecturas pervierten las débiles mentes de las mujeres”….(E.Forgas Berdet). Debo confesar que esto último no se ajusta a mi persona, yo era pervertida desde antes.
Ustedes saben…. somos románticas, soñadoras, sensibleras, apasionadas, en fin….mujeres (¡¡¡¡¡Qué horror!!!!!)
Lamentablemente, las mujeres a veces perdemos el horizonte de nuestra femineidad y entonces cuando una llega a un puesto como el de “Secretaria de Estado” tiene que ser “más dura que un hombre” y, por lo tanto, comportarse como un hombre pues nuevamente se ve sometida a una doble presión, tiene que probar que es muy inteligente y que vale por sí, pero además que puede hacer “el trabajo de un hombre” igual o mejor que él. ( ¡¡¡¡¡Hummm, qué feo!!!!!!)
Siendo una intelectual, tengo que probar que puedo producir literatura culta, como mis pares, que puedo leerlos y entenderlos, que puedo además, ajustarme a los cánones del paradigma literario vigente, proeza digna de un Titán, pero sólo reservada a mujeres.
Señoras, señoritas y caballeros: es complejo y no hay soluciones mágicas (nunca las hay) por lo que sólo podemos ejercer la “ TOLERANCIA”.
Después de todo, si en este mundo existe discriminación por casi todo, preferencia sexual, religiosa, étnica, etc. ¿Por qué no van a discriminarnos dejándonos fuera por elección literaria? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Me opongo!!!!!!!!
Vamos a seguir leyendo comentarios peyorativos o descalificantes, no lo dudo. Y muchas de las críticas seguramente serán acertadas, pero también es cierto que muchas de esas críticas provendrán de personas (de ambos sexos) que “jamás han leído una novela romántica”.
Aceptémoslo, ninguna escritora de novelas románticas recibirá jamás un “Premio Novel en Literatura”, pero eso no quita que en Argentina el 11 % de las ventas anuales de libros correspondan a la literatura romántica y se trate de un mercado en crecimiento.
Visto en términos estrictamente económicos, que importan y mucho, pero que deliberadamente han sido omitidos en este articulo, el género merecería ser tratado con más respeto.
A nadie se le ocurre descalificar o censurar abiertamente la lectura de un libro de ciencia ficción, de hecho se los pondera pues “estimulan la imaginación de jóvenes y adolescentes”.
Pueden quedarse tranquilas, a nosotras nunca va a pasarnos eso, pues si se llega a estimular demasiado nuestra débil imaginación, podríamos despertar un día y descubrir que nuestro amante es torpe y no nos satisface o que nuestro jefe es impotente, y eso, “no es ni social, ni moralmente correcto”.
Creo sinceramente que el “DESEO” (si, me refiero a sexual) mueve el mundo y mientras sigan existiendo las románticas, apasionadas, soñadoras y seguramente idealistas PERSONAS, (nosotras no discriminamos) las novelas románticas seguirán existiendo.
Señoras, afortunadamente vivimos en una época en la que podemos elegir, simplemente hagámoslo.
Como dice Esther FORGAS BERDET, seguramente corresponderá a la “crítica feminista” resolver a futuro, por qué la literatura femenina del SXIX fue la encargada de consolidar fijar y trasmitir la cultura de la reproducción de la familia como base de la sociedad.
Por mi parte, estoy demasiado embelesada con los encuentros y desencuentros amorosos, el erotismo, el ocio, la opulencia y los finales felices como para ocuparme de eso.
Eso me recuerda, no sería honesto ni sincero pedir disculpas por “mi pecado”, pues me reconozco, soy “una pecadora nata”
Notas y Bibliografía:
ARIÈS, Philippe, DUBY, Georges: “Historia de la vida privada”, Tomo IV. De la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial, Taurus, Madrid, 2001.
FORGAS BERDET, Esther: “El Arquetipo masculino en las novelas románticas del Nuevo y Viejo Mundo”, Sección de Lengua Española, Universidad Rovira i Virgili.
FOUCAULT, Michel: “Historia de la Sexualidad”, Tomo II: El uso de los placeres, 1ra edic, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2003.
RODRIGUEZ BALLESTER, Alejandra: “Apasionadas, románticas y vendedoras”, Revista “Ñ”, Grupo Editor Clarín, Buenos Aires, 02 Sept. 2006 .
Wikipedia, enciclopedia libre: “Novela Romántica”.
www.monografías.com, para la caracterización de literatura culta o canónica y popular o masiva.
Aclaración: Aquellas referencias que no tienen mayores especificaciones fueron extraídas de sitios de Internet. En el caso de la Prof. Esther FORGAS BERDET, es de fácil acceso y tiene muchos e interesantes artículos sobre literatura.