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Crític@s
Atrapada en el tiempo de Diana Gabaldon |
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Un día escocés de 1968, conmocionada ante una tumba de siglos pasados, Claire Beauchamp Randall, revela sus reminiscencias y le cuenta a su hija adulta Brianna y al joven historiador escocés, Roger Wakefield, su viaje en el tiempo veinte años atrás y su vida en el siglo XVIII junto al hombre que fue el amor de su vida, James Fraser. A través de los recuerdos de Claire, esta novela continúa y termina la narración de la vida de Jamie y Claire que comenzó en “Forastera”, hasta la batalla de Culloden. Cuando Jamie recupera su salud en un convento de Francia, él y Claire comienzan una nueva meta en su vida: frustrar la batalla de Culloden que se avecina en Escocia. Siendo Claire una mujer del futuro, conoce los acontecimientos que sobrevendrán para los escoceses a partir de la rebelión de los jocobitas: la caída de los highlanders. Juntos, Jamie y Claire se dirigen a París a contactar con los nobles jocobitas y con el mismo príncipe desterrado de Gran Bretaña, Carlos Estuardo, de cuya mano ellos conocen, en un par de años llegará el levantamiento de los escoceses y así la nefasta batalla de Culloden. En París, tras su fachada de empresario, Jamie camina en la línea entre dos fuegos, confabulando con los jocobitas al mismo tiempo que conspirando para el fracaso de sus objetivos. Como su abuelo, el viejo zorro Simon Fraser, se revela por primera vez la innata e inconfundible veta política de Jamie, que ya no dejará de expresarse en lo que reste de la historia de estos inolvidables personajes. Al mismo tiempo que Jamie socializa con los asesores de Carlos Estuardo, con los ministros y banqueros franceses y con todos los embajadores, nobles y empresarios que puedan brindarle información acerca de los planes del príncipe, e incluso se convierte en amigo del propio Bonnie Charly Prince, Claire se codea con la aristocracia parisina, en la corte del rey Luis XV, en los fastuosos palacios franceses y con personas menos encumbradas pero igual de importantes en los suburbios de la ciudad, espiando para la causa que persigue con Jamie: evitar que Carlos asuma el trono de Escocia. Por su parte, en el hospital más pobre de París, y también en beneficio de sus conocidos, experimenta y reconoce la profundidad y certeza de su vocación: la medicina. Al mismo tiempo que ambos conspiran para frustrar los planes de Carlos Estuardo, Jamie y Claire viven su domesticidad y experimentan la especial compatibilidad de su vínculo, sintiendo las delicias y preocupaciones del embarazo, dialogando sobre sus respectivas profesiones, conciliando en discusiones en las que Jamie se manifiesta como el hijo de su época, el clásico guerrero highlander que es, y Claire, como una mujer de visión con esa veta cínica que la caracteriza y que se ensambla con su mirada forastera desde su educación dos siglos más tarde. De vuelta en Escocia, Jamie es inmediata y forzosamente reclutado para ser un oficial del ejército de Carlos Estuardo, en el cual se destacará conociéndose entre los guerreros como James el Rojo Fraser. A partir de entonces, impotentes, Jamie y Claire ven con sus propios ojos, cual si de una cuenta regresiva se tratara, cómo la fuerza de la historia sobrepasa a todos sus esfuerzos por modificarla, ven acercarse la batalla de Culloden inevitable, inexorablemente, arrastrándolos de forma ineludible a ambos hacia ella. A la par de su participación en la historia de un país, Diana Gabaldon no escatima detalles al narrar la historia personal de los protagonistas. Se reafirma entre ellos una conexión más fuerte que el tiempo. Viven su cotidianeidad plagada de problemas, de risas, de llantos, de amargura, de reflexiones y de sacrificios, pero siempre juntos, en un amor más fuerte cuanto más lleno de desgracias. El capitán Jack Randall hace nuevamente su aparición tras haber burlado a la muerte, también él cumpliendo con el destino que la historia le ha deparado. Así es como Brianna, a los veinte años, conoce la historia vivida por su madre más de doscientos años atrás, su desgarrador retorno al presente y en el medio, el amor sin fronteras que vivió con un highlander, su padre. Aparecen muchos de los personajes que se conocieron en “Forastera” y surgen nuevos personajes importantes en la vida de nuestros protagonistas: el niño Fergus, el maestro Raymond, la Madre Hildegarde, Mary Hawkins, y por supuesto los personajes históricos que conviven con los personajes de la novela: Carlos Estuardo, Luis XV, el mítico conde de St. Germain y otros. El contexto histórico es impecable, con todos los entretelones del segundo enfrentamiento en el siglo XVIII de los jocobitas escoceses católicos con el ejército de los Hannover por el trono de Gran Bretaña, que significó la caída definitiva de los Estuardo. A partir de la nostalgia de Claire se visualiza que la memoria de los patriotas es corta y que en el presente el heroísmo de los antiguos tiñe muchos sinsentidos que los héroes se llevaron a la tumba. Con ágil prosa, Diana Gabaldon describe en “Atrapada en el tiempo” cómo era la vida en el siglo XVIII, con los prosaicos detalles que los poetas y el romanticismo, arrugando la nariz, evitan mencionar. La autora revela el ánimo de los highlanders desde su óptica más práctica, cuáles eran sus ambiciones y cómo se movían sus esfuerzos por alcanzar lo que querían, unidos al mismo tiempo por un espíritu y un brío capaz de conducirlos conscientemente hacia su propia tumba, tras haber empeñado su palabra de honor; esto es parte de la mítica valentía de los highlanders que nosotros, la posteridad, guardamos en la memoria. En esta novela se completa el esbozo de las personalidades de Jamie y Claire. Jamie Fraser es innegablemente multifacético: es supersticioso y bondadoso, pero también es implacable a la hora de la venganza y un político formidable. Es comprensivo y liberal con su esposa, y al mismo tiempo es un terco highlander de su época, es sensible hasta las lágrimas a la par que el más hermético de los guerreros. James Fraser, este personaje masculino, juzgado y defendido por tantos lectores, es un personaje imposible de amoldar. Tiene tantas facetas que el lector, dejándose llevar por el argumento, sólo puede ir reconociéndolo y prendándose de él, página a página. Sólo conociendo a James Fraser se puede comprenderlo, no es un personaje que pueda admirar y enamorar al lector desde su primera aparición, como suele suceder con la mayoría de los personajes. No hay una sola descripción de Jamie que proyecte en una sola imagen literal su personalidad en la mente del lector, es necesario conocerlo poco a poco en cada una de sus acciones y palabras para llegar a comprender cuál es la magia de este personaje. Respecto de Claire, desde el comienzo su esencia fue más clara que la de Jamie. Claire es cínica e inteligente, es libre y honesta, y tiene todas las características de una mujer del siglo XX: independiente, escéptica, culta, físicamente cuidada e íntegra. Por lo mismo, ver los costados vulnerables de esta mujer, ver su entrega a un guerrero del siglo XVIII, trascendiendo ella misma a todos sus prejuicios y enamorándose locamente de un hombre cómo jamás en su vida imaginó, es conmovedor, porque se trata de una mujer moderna, solitaria y fuerte. Jamie está dispuesto a dar su vida, su cuerpo, su mente por su esposa. Y Claire eligió a Jamie por sobre su propia historia, su comodidad y su vida forjada doscientos años más tarde. Personalmente, Claire Beauchamp me parece un personaje femenino magníficamente logrado. Sus observaciones, sus reflexiones, sus miedos, su moral desprejuiciada del siglo XX y sus pensamientos más allá del bien y del mal, junto con la multifacética personalidad de James Fraser y a la par de la especial conexión que la autora creó entre estos dos personajes, me parecen los detalles que hacen de la obra de Diana Gabaldon una obra maestra de la novela romántica histórica. Como tantas otras, esta novela plantea la posibilidad de que el tiempo no sea lineal, de que existan pasos, puertas que comuniquen los diferentes siglos. Diana Gabaldon tiene el don de plantear este tema tan controvertido e “increíble” en nuestra formación occidental de acuerdo al método científico, de forma tal que no parezca fantasía, sino posibilidad. Hasta el lector más incrédulo puede leer la obra de Diana Gabaldon sin la semisonrisa irónica que despierta todo aquello en lo que no creemos, porque la manera de plantear el viaje en el tiempo al mismo tiempo que el choque cultural experimentado por Claire es verosímil. Esto no es algo que cualquier escritor pueda lograr, por lo mismo el valor que tiene esta obra. Advierto que la obra completa de Diana Gabaldon se escapa a todo parámetro e ideal esperado. Esta narración, es, con todas sus fantasías, una de las historias de amor más íntegras sobre las cuales he leído, precisamente debido a que trasciende muchos límites a lo que nos esmeramos en diseñar como la vida ideal, y a pesar de todo, o quizás por eso, sigue siendo conmovedoramente fuera de toda serie. Gelly |
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