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Como vivido cien veces de Cristina Bajo

Córdoba ( Arg.) 1828-1835.

Luz María OSORIO y LUNA es una joven cordobesa, nacida al interior de una familia de raíz peninsular, portadores de un pasado godo-asturiano, que aún luego de generaciones de haber arribado a América, ostentaban con orgullo el “no haberse mezclado con los indios”, por lo que mantuvieron intacto su linaje.

Poseedora de una belleza singular, y un carácter decidido, Luz cometerá un error imperdonable a los ojos de su familia, de Dios y del linaje: entregar su corazón y su virtud a quien no debía.

De este amor adolescente, surgido en una tarde calurosa en una aguada, y predestinado a la tragedia., Luz aprendería lo que es sentir el dolor descarnado de la pérdida, y entendería el porque de odios irreconciliables.

En un país atravesado por la guerra civil, las luchas intestinas y las traiciones, las familias se dividen cuando sus miembros toman partido por uno u otro bando. Así, Fernando, “El Payo” Osorio, hermano de Luz, su más querido y entrañable aliado, terminará como renegado en las tolderías, comandando una brigada de indios ranqueles para las huestes del General Quiroga, (Federales) mientras su hermano mayor Sebastián, educado en la más arraigada tradición ilustrada Francesa, formara parte de la gente del General Paz. (Unitarios)

Como en cualquier guerra, es difícil saber si alguien gana, mientras los civiles se desangran y la tierra queda yerma.

Muerte, odio, destrucción, montoneras, barbarie, eran palabras corrientes en un país que aunque recién nacido a su vida independiente, ya se encontraba fracturado y con heridas irreconciliables.

Esta guerra los afectará a todos por igual, ya no hay pobres ni ricos, amos o esclavos, no se respetaran linajes ni importará quienes participen o no, se trastocará la vida de todos y ya nada será igual.

Entonces llego él, “el inglés de las minas”, para cambiar la vida de Luz, liberándola de un destino impensable para alguien con tantos deseos de vivir.

Conciente de sus limitaciones: “el convento” o una “solitaria existencia en la prisión de su casa”, Luz decide aceptarlo y Brian Harrison se convertirá en su destino.

Como ella misma lo diría:- “ A veces el destino, abre atajos inesperados…”. Dos años después, lamentaría dolorosamente aquellas palabras….(pag 124).



La historia de la familia Osorio, fascinante y fecunda, acompaña la incipiente vida de un país, que lucha por estructurarse como nación.

Desfilan por la trama una galería de personajes conocidos, que van desde Facundo Quiroga, Bustos, el Manco Paz, Lavalle , La Madrid, hasta Peñaloza, y el mismísimo Don Juan Manuel, entrelazados en un relato fluido y brillante que recorre con incomparable maestría nuestra historia nacional.

La autora compone un sin fin de personajes entrañables, como Severa, la negra “nana” de Luz, que la protegerá de todos y curará sus heridas o Calandria, la mulata enamorada del Payo, a quien seguirá hasta el fin del mundo de ser necesario. Fresca, desfachatada, con un gran sentido del humor, pero también leal y valiente.

Paisajes, lugares, presagios y maldiciones, nada falta en esta historia, y todo conjuga para convertirla en algo sencillamente magistral.

Los matices abundan, y no puedo dejar de expresar mi admiración por la autora, dado que se nota su trabajo previo, su conocimiento de la historia argentina, de las costumbres y la cotidianeidad de su gente antes de plasmarlas en el relato.

Estrictamente hablando, no reúne las condiciones para ser considerada una novela romántica, pero eso no impide que las pasiones fluyan y se apoderen del corazón del lector al ritmo que crecen sus personajes.

Personalmente creo que el relato contiene dos de las características que más me agrada encontrar en un buen libro: 1-historia, que es mi pasión y obsesión, 2- personajes tan increíbles que no parecen salidos de la imaginación de la autora, y que conviven junto a otros que responden al estereotipo que esperamos encontrar en toda novela.

Para que se entienda, Misia Francisquita, hermana solterona de Don Carlos, padre de Luz, podría ser cualquiera de las tías de mi madre, o Doña Carmen, madre de Luz, es como imagino a la madre de mi abuelo, implacable, autoritaria manejando a su familia con puño de hierro.

Pero al mismo tiempo, Fernando Osorio, “El Payo”, es el héroe por excelencia, hermoso, de buena familia, educado, con altos valores morales, como su sentido de justicia y lealtad.

En síntesis, “Como vivido cien veces” es una novela y debe ser disfrutada como tal, pero coincido con quienes opinan que también es un increíble testimonio de nuestra historia nacional y la señora Cristina Bajo, sin lugar a dudas es la merecedora del apodo que la presenta como “la nueva Gran Dama de la Literatura Argentina.”

Mónica Adriana

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