Cartelera y relatos

 

 

 

Crític@s

Con solo nombrarte de Gabriela Margall

Sargento por un Capitán práctico e intuitivo en la Bs. As. invadida de 1806 , Jimena defenderá su ciudad con el mismo ardor con el que defiende lo que ama.

La reconquista de la capital del Virreinato, deja una huella profunda en sus habitantes.

Y un desasosiego rebelde en la misma Jimena.

Es que la noche anterior a su primera batalla, en la oscuridad, ante la fría llovizna que la oprimió de dudas, aquel oficial montevideano, no solo respaldó con respeto su temor.

Su sola presencia, un mínimo gesto, despertó en ella emociones de una intensidad que parecen derrotarla incluso antes de intentar cualquier defensa.

En 1807, Martín Olivera retorna a Buenos Aires con un sabor amargo, Montevideo, su ciudad ha caído en manos inglesas. Los negocios comerciales que le han dado apellido y riqueza siguen su curso, pero él viaja para unirse a Liniers con la esperanza de una reconquista.

Lo envuelve un hastío que no puede cambiar. Como no pudo cambiar la rígida educación de su padre, como no pudo evitar heredar una profesión que ancló para siempre sus fantasías juveniles a un remoto puerto colonial.

A los 34 años su vida, traducida en una cómoda espera del devenir anónimo que su posición social le asigna, se ve sacudida por apetencias imperiales.

La invasión británica a Bs.As. el año anterior insufló de aire renovado a esa vida que apenas reconoce como suya.

Ni siquiera se empeña en negarlo: no fue el helado viento de aquella madrugada, ni la conmoción de la batalla lo que sintió grabado a fuego en cada poro de su cuerpo, sino la mujer de quien apenas conoció su nombre.

Fue reencontrarse. Fueron las visitas y eventos sociales. Los negocios de a fin de cuentas, dos comerciantes.

Fue desnudar el alma con unas pocas palabras y una única mirada. Fue enamorarse.

Pero también el intento de Martín de conjugar el deber, el decoro y las apariencias que siempre dirigieron su vida, con sus verdaderos sentimientos, los que terminan por alejarlo de Jimena.

Porque las palabras equivocadas hieren más y duelen más profundamente en los labios de la persona amada.

El compás de espera con el que la ciudad se preparó para la segunda invasión llega a su fin.

La víspera de una batalla más temida que la anterior, pone otra vez, frente a frente al Capitán Olivera y la Sargento Torres.

Los meses fueron días, los días fueron horas, las horas pueden ser las últimas y sólo hay un instante para un único lenguaje capaz de decir sin hablar y perdonar, sin explicar, antes que el mundo estalle sobre ellos…



Gabriela Margall se sumerge y nos permite hacerlo con ella, en los lugares más recónditos del corazón de Jimena y Martín. En cada gesto, en cada pensamiento, en cada palabra. Como bien lo dijo ella misma: sus personajes hablan con sus acciones.

Jimena ama la vida. Una que en el instante mismo en que le quitaba todo, la impulsó a tomar decisiones y actuar. Improvisó omitiendo ataduras sociales. Resignó sueños adolescentes. Pero luchadora al fin, se negó a caer de bruces frente al amor. Le plantó cara, aún cuando significó exponer ante los demás, aquello que no imaginan: su fortaleza es lo que la vuelve vulnerable.

Martín ve pasar la vida. Una que transcurre ante sus ojos lenta, aburrida e inexorablemente predecible. Tras la fachada de un hombre de familia dedicado a los negocios, su mirada adusta muestra justamente lo que los demás no esperan: el momento en que ponga fin a su melancolía, el momento en que se decida actuar según la persona que realmente es.

Los personajes secundarios de Con sólo nombrarte merecen un lugar destacado. La autora los creó con una gama de matices emotivos y de un colorido tan singular, que más que un collage, se articulan en una acuarela que cobra vida para destacar la historia y sus protagonistas.

El veneno hecho carne en la madrina de la protagonista, medido, magistral.

Paula y Guillermo, deliciosamente relajados, solucionados sus conflictos en su propia novela, Si encuentro tu nombre en el fuego.

Personalidades históricas verídicas, presentes en un acompañamiento tenue pero firme.

La madre y las hermanas de Jimena, y su pequeño de universo de mujeres solas, cuando la presencia masculina era la única carta de presentación posible o aceptable. El micromundo sutilmente cómplice y cariñoso de unas hermanas capaces de disfrutar de las risas y de sostener en las tristezas.

La hermana de Martín…¿de quien podríamos tener noticias en alguna novela protagonizada por las hermanas de Jimena? Bueno, también podría ser al revés…

Quien lee se encuentra ante una novela que no da respiro. La sucesión de escenas es un viaje por emociones y sentimientos que, acumulados, dejan pocas opciones: detenernos luego de cada una, para inspirar hondo y caer en la cuenta de que por momentos hemos contenido la respiración. Debatirnos ante la necesidad de reflexionar sobre lo que nos generó lo leído o continuar la lectura. O reconocer que de a ratos sonreímos silenciosamente, y de a otros ratos no tuvimos ganas de contener alguna lágrima.

Gabriela Margall conjugó nuestra Historia con mayúscula con la historia de dos seres que se enamoraron mucho antes de entender cómo y porqué. Lo hizo con la agilidad y la gracia que ya conocimos en Si encuentro tu nombre en el fuego, pero con la madurez y profundidad, que harán de Con Solo Nombrarte una novela romántica para atesorar en el corazón.

Es que después de leerla no podemos imaginarnos un compañero para la Sargento Torres que no sea el Capitán Olivera. Cada página de Con Solo Nombrarte parece impregnada de algo tan íntimo e intenso como lo que Martín siente cada vez que menciona el nombre de Jimena: una explosión de vida.

Y de eso, amigas lectoras, se trata el amor.


MirtaS

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