Roger Blackraven es un personaje FASCINANTE, reafirma la misma solvencia, superioridad y despotismo de la primera entrega. Y se vuelve vulnerable. No importa que gane todos los combates físicos posibles: se angustia, añora, teme. Sigue sin ser un protagonista políticamente correcto pero aún cuando no cambia sus convicciones, cambia sus acciones. Por Melody. Porque la ama.
Melody reafirma su capacidad bondadosa. Pero la fuerza, la energía con la que es capaz de correr riesgos y defender hasta con su vida a todo aquel que la necesite, no ve su equivalente en ella misma. Claro, lo podemos llamar inseguridad, temor…pero en algún punto, sus continuos devaneos entre lo que quiere, lo que realmente quiere, y lo que hace…nos lleva a la exasperación. Una protagonista que debe decidir entre sus convicciones y sus acciones. Por Roger. Porque lo ama.
¿Cómo mantener la química de una pareja a lo largo de tantas páginas? ¿Cómo sorprenderse y dejarse llevar por la seducción de una pareja que no tiene que demostrar que se ama, porque ya lo sabemos (y lo leímos)? La naturaleza física del vínculo entre Roger y Melody sigue siendo un pilar en la historia. Poderoso y creíble. Con un protagonista físicamente tan excepcional como su personalidad. Y una protagonista imperfecta…que además, pasa buena parte de ésta segunda entrega, embarazada y otra parte como madre primeriza y reciente...QUE NO SE PRIVA DE NADA...(gracias, Florencia).
Pretender una evaluación del rigor de la ambientación histórica es imposible. Florencia Bonelli escribe tan EXQUISITAMENTE, que bien podría afirmar que el manjar predilecto en Buenos Aires de comienzos del siglo XIX eran uñas de murciélago y una se lo creería. Y querría comerlo.
La Historia política nos lleva a otra cuestión. Toda la trama transcurre en 1806. Antes, durante y después de la primera invasión inglesa (a excepción del epílogo). Quien busque (como rezaba la primera entrega: El amor y la lucha forjan la historia de un país) una trama donde emocionarse con hombres y mujeres a punto de concretar un cambio histórico en su tierra, no lo va a encontrar. Si el anterior, fue la El amor de Roger y Melody, y su lucha por concretarlo, en ésta segunda edición, la visión de la historia política rioplatense, no es ni oficial ni patriota, sino inglesa. Lo cual me lleva a pensar dos cosas: en primer lugar, aunque se sienta antipático, es relativamente veraz. Y segundo: ¿porqué no sería una visión inglesa de nuestra historia? Si el protagonista NO es porteño, No es español, No es criollo. ES INGLES. Objetivamente: para la trama, es un acierto de la autora, que afianza la complejidad y excelencia en la elaboración de su protagonista masculino.
Florencia Bonelli escribió secundarios de un protagonismo inusual. Elaborados con minuciosidad, se entretejen vitales para la trama, vislumbrándose en ellos el juego de opuestos preferidos por la autora: Malagrida-Isabella Di Bravante, Miora- Somar, otra vez Elisea- Servando, Amy-Galo… bueno, en realidad éstos últimos tienen mucho en común, porque a medida que se descubre su historia se comprende su enfrentamiento…inicial. Aunque son muchos personajes , quien lee se sorprende deseoso de reencontrarlos en las páginas siguientes. Y no solo los reencontramos sino que aquel que nos impacta (y hay para todos los gustos) no necesita libro propio: su historia cierra en éste.
Es que como dice un personaje de la novela: “No sé que pasa con el aire de ésta ciudad (Buenos Aires), aquí todos parecen enamorarse”.
Pese a lo antedicho, he aquí mi objeción: los secundarios que más brillaron en la anterior novela, no lo hacen en ésta. Los personajes relacionados con la leyenda de Luis XVII pasan sin pena ni gloria, y La Cobra, (sí, mi favorito) original, profundo, elaborado…no luce su origen, recién develado faltando tan poco para el final.
El cuarto arcano, El puerto de las tormentas no es estrictamente cinematográfica como reza la contratapa. Porque en términos visuales no es un film. Ni siquiera una miniserie. Es una TELENOVELA. Que por dramatismo y profundidad tiene ribetes casi culebronescos.
Cada escena, cada escenario, cada personaje, sería un capítulo completo de una sucesión que atrapa.
Con El cuarto arcano I y II, Florencia Bonelli desafía los límites de la ficción a lo largo de más de mil páginas entre las dos entregas, creando su mejor historia: una novela INTENSA Y EXCITANTE, PURA PASIÓN.
MirtaS