Cartelera y relatos

 

 

 

Crític@s

El collar de la novia de Kat Martin

Inglaterra 1804.

Desde la muerte de su madre, Victoria (Tory) Temple Whiting, sabía que tenía que proteger a su hermana de la lascivia de su padrastro.

El barón había omitido la llave en la puerta de la habitación de Claire en su propio beneficio. Era obvio cada vez que la miraba, con su despreciable deseo pintado en el rostro.

Esa fatídica noche, Tory despertó sobresaltada por los pasos en el pasillo y supo que la espera había concluido. Cuando tomó la plancha de hierro, no deseaba herirlo más de lo necesario pero se aseguró que dejar al barón fuera de combate. Ese perverso no iba a poner sus sucias manos encima Claire, ni la iba a azotar a ella nunca más.

Tenían que abandonar su aldea y su propia casa, Harwood Hall para marchar en un viaje de tres días hacia Londres.

La gran ciudad les proporcionaría el anonimato y Tory tenía la esperanza de obtener un puesto como institutriz.

Lo único que tomaron fue “El Collar de la Novia”, la posesión más preciada del Barón, un collar de perlas y diamantes de gran valor y sobre el que pendía una fatídica maldición.

Contaba la leyenda que el collar podía proporcionar al que lo poseyera una dicha sin fin o hacer que recayera sobre ella la más insoportable de las desgracias. Todo dependía de la pureza de corazón de su poseedor.

En Londres y dos meses después, Tory empezaba a creer en maldiciones. Casi no tenían dinero y no conseguía trabajo.

El destino y nuevamente la lascivia de un hombre obraron de milagro cuando rechazadas por el mayordomo de la residencia Brand, se toparon con el mismísimo Cordell Easton, Conde de Brant.

Tory se dio cuenta claramente de la forma en que Brant miró a Claire. Ella no podía controlarlo, desde que tenía doce años todos los hombres la miraban así. Su belleza era tan etérea que era casi imposible no caer rendido al influjo de esa niña-mujer con rostro de hada y cuerpo de diosa. Claire ni siquiera lo notaba.

Tory supuso nuevos problemas, pero al menos tendrían un techo y comida en el estómago hasta que otra vez tuviesen que marcharse de esa casa, por las excesivas atenciones de Brant hacia Claire.

Tory asumió el puesto de ama de llaves y Claire de criada.

Cordell estaba muy intrigado, ¿Quiénes eran estas mujeres?, evidentemente tenían mucha educación, pero no hablaban de si mismas y la mayor, la menos agraciada vigilaba como un halcón a su bellísima hermana.

Cordell saboreaba por anticipado como sería tener el cuerpo de esa rubia belleza en su cama, una vez que neutralizara a la otra.

Claro que por el momento tenía otros problemas, localizar y traer con vida del continente a su primo el capitan Ethan Sharpe quien cumpliendo misión para la corona había sido capturado y agonizaba en una cárcel francesa. Contaba con la ayuda incondicional de su amigo Rafael duque de Sheffield y buen amigo de ambos, pero aún así, no habían hecho demasiados progresos.

El tiempo transcurría y Cordell empezaba a notar las sutiles diferencias de sus nuevas criadas. Claire era una belleza etérea, pero inocente como una niña, una delicada flor que nunca sería del todo una mujer, en cambio la otra, sin ser llamativa tenia un cuerpo voluptuoso, unos increíbles ojos azules que echaban chispas cuando algo no le gustaba.

Victoria era todo fuego y carácter, con una aguda inteligencia, una verdadera mujer, de esas que encienden las pasiones de los hombres. Que pena que sólo fuese una criada, hubiese sido una compañera interesante para un conde!!!!!! Además estaba visto que la joven se resistía a convertirse en su amante...

Todo iba bien, hasta que el Conde dio una recepción y a ella asistió una de las antiguas compañeras de colegio de Tory, la señorita Grace Chastain, quien la reconoció inmediatamente. Aunque Grace prometió guardarles el secreto, ese incidente sumado a que en Londres se sabía que el Barón, su padrastro, buscaba a las criadas que robaron una valiosa joya de su casa, convencieron a Tory.

Tenían que huir al continente y lo harían en el barco dispuesto por el conde para rescatar a su primo el capitán Sharpe. Su plan fracasó yo todo quedó al descubierto.

Por extraño que pareciese, Cordell sentía que tenía que proteger a las hermanas y la forma más sencilla, fue ofrecerle matrimonio a Tory. Pero ella no era tonta, casarse con el conde dejaría más expuesta aún a Claire, por lo que engañaría al conde y se aseguraría que lo encontrasen en una situación comprometida con Claire para que la convirtiese en su esposa. Ella podía cuidarse sola, pero Claire necesitaba a alguien que velara por ella.

Su plan tuvo éxito y Cordell no salía de su asombro, esa intrigante, ponzoñosa y maquinadora mujer se las pagaría con creces... Tory Temple sería su condesa y aprendería lo que es la obediencia...

Pero ¿qué futuro podía tener un matrimonio sin amor?, ¿sería real la maldición, estaban condenados a las desgracias?, ¿superarían alguna vez sus diferencias?.

 

 

Comentario:

Tengo que empezar confesando que me gusta mucho Kat Martin. Tiene un estilo muy agradable, sus novelas son fluidas, tiene buenas historias y las cuenta muy bien.

Esta tiene un comienzo particularmente duro, una vez más una autora pinta con toda crudeza lo difícil que era la vida en las calles de Londres para las mujeres que no cuentaban con la protección de una familia.

El conde no les ofrece trabajo caritativamente, sino movido por el deseo que le genera Claire.
Igualmente él no es el malo de la historia y de hecho, como es un hombre inteligente, no tarda en posar sus ojos en Tory.

La historia de Claire es también interesante y aparecen todos los personajes que de una u otra forma continúan con sus historias en los libros siguientes.

Sin ser magnifica es una muy buena novela, entretiene y cierra bien.

Recomendación: Si tiene la oportunidad, no deje de leerla.


Mónica Adriana

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