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En alas de la seducción de Gloria V. Casañas

Newen es un fugitivo de su propia alma. Convencido de que los confines patagónicos son lo suficientemente vastos como para esconder un pasado que lo condena , éste puelche avaro en sus palabras para con las personas, adusto hasta para los gestos más mínimos, solo sabe explayarse en el idioma de la tierra, relajarse ante la sobrecogedora fuerza de la naturaleza.

Cordelia solo sabe de buenas intenciones. Recién llegada a un remoto lugar despojado de la urbanidad en la que se ha desenvuelto desde siempre, apela a una mentira piadosa para proteger a quien más quiere. Capaz de enfrentar una montaña agreste y descubrir el encanto de una cultura distinta.

El engaño con el que Cordelia irrumpe en la vida de Newen ahonda la desconfianza y el encono que éste siente por ella nada más verla. Una joven despreocupada que quiebra inexorablemente la autoimpuesta soledad de Newen con actitudes entre ridículas y graciosas. Un hombre cuyas acciones rudas y antipáticas solo son traducidas a humanidad noble por los ojos de Cordelia. Para el puelche, un castigo de los dioses. Para la “señorita” un descubrimiento. Para ambos, la duda: ¿me ama?

Gloria Casañas se revela como una autora profunda. Una narrativa que no admite duda: hay escritora para rato. Incursiona en el género romántico con una historia romántica usual, en un contexto original. Atrapa justamente en el talón de Aquiles del ejército de novelas que se editan en los últimos años: la investigación. Un elemento que no está vedado para las tramas de contexto contemporáneo, pero pareciera. La inclusión de personajes, eventos y costumbres relacionados con un pueblo originario como el Mapuche, genera una mística solo superada por la ceremonia de liberación de cóndores.

Newen (acentuado en la primera e) es un tremendo bruto. Que lleve sangre indígena no tiene que ver con ello. En realidad es parte de ésa ancestral herencia cultural masculina: occidental, oriental…de los cuatro puntos cardinales, bah.

Él es como sus manos. Enormes, rústicas, callosas. Capaces de curar con infinita ternura. Y todo él, capaz de amar con silencios estruendosos.


Cordelia es…como su nombre. De otra época. ¿La virtud tiene tiempo? ¿la ingenuidad?

Casi puerilmente urde acciones solo posibles en la imaginación más generosa. Pero le pone el cuerpo a todo (ok, a eso que están pensando también), y se enfrenta a las consecuencias. ¿Una tonta que se hace cargo? No. Una mujer cuyos sentidos perciben mucho antes que la lógica que lo más sublime de ser vivido es solo posible con él.

Pero aún para ella, todo tiene un límite: Newen, lo mismo que el cóndor, tendrá que reiniciar vacilante su camino, para finalmente desplegar temerario las alas que lo devuelvan a sus Andes junto a la mujer amada.

Newen no es Wolf Mackenzie (1). Cordelia no es Molly Somerville (2). Pero su relación es de ésas que no se dudan ni se discuten. Mérito de la autora. Sin fórmulas ni análisis. Sencillamente amor. También mérito de la autora.

(1) Wolf Mackenzie, protagonista masculino de Lecciones Privadas de Linda Howard.

(2) Molly Somerville, protagonista femenina de Este corazón mío de Susan Elizabeth Phillips.

Hasta no hace tanto tiempo no se me hubiera ocurrido comparar una novela argentina con una extranjera. O a sus personajes. Cuando leí nombres como Nora Roberts y Mary Jo Putney en la cara interna de la contraportada, con otros títulos de la editorial que publica ésta novela, me sentí orgullosa. Por eso también, gracias Jazmín.



MirtaS

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