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Crític@s
Flores en la tormenta de Laura Kinsale |
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Inglaterra, Siglo XIX. Maddie la encarnación del virtuosismo. Recatadamente bella, correcta, o mejor dicho recta. La clase de persona capaz de actuar de acuerdo a los principios humanos en los que fue criada. La hija de un padre que reemplaza la oscuridad de sus ojos por la luz del conocimiento. Así se conocen, en un evento académico. Así se impresionan, cada uno en sus papeles sociales. Pero, así sin más, sobreviene el descenso al infierno. Maddie se reencuentra con Christian en un escenario impensado: una institución mental, donde él es considerado un loco. Dónde el tratamiento más moderno en la materia, para la época en que transcurre la trama, quita el aliento a los más cuerdos. Christian se reencuentra con Maddie, en un lugar donde los demás parecen hablar un idioma desconocido, con un cuerpo que se niega a aceptar las órdenes de su mente, y una mente, que en su desesperación alcanza a comprender que la única esperanza de retorno a la dignidad humana que alguna vez conoció, está en manos de Maddie, que diametralmente lejos de lo que ella misma llama revelación, tan solo aplica la lógica para comprender, que ese hombre no está loco, y que solo ella será capaz de acompañarlo en su recuperación. Demasiada cercanía para ambos, en un idioma basado en gestos, miradas, intenciones, y poquísimas palabras: las justas, para la exacta dosis que provocará que se enamoren. Laura Kinsale apela a un recurso literario francamente majestuoso para transmitir al lector el intrincado juego de pensamientos, temores, necesidades y esperanzas de esta primera etapa de retorno. Un retorno donde Maddie deberá descubrir, que por amor, además de enfrentar los misterios del pasado y los peligros del presente de Christian, su verdadera batalla será interna, por que lejos de aceptar con resignación al hombre que fue y siempre será el Conde, ella deberá aceptar que ella también es capaz de cambiar, no por designio de su corazón, sino también de la razón. Flores en la tormenta no es la historia de una mujer que se enamora de un hombre momentáneamente disminuido. Tampoco es la historia de un hombre que se enamora en agradecimiento a la heroína por salvarlo del horror. L. Kinsale escribe una historia donde, si el lector no recuerda en cada página que el dogma romántico exige un final feliz, haría correr sus dedos hacia las hojas finales, para asegurarse. No, por obra y gracia de la piedad de Maddie. Tampoco por la fuerza y el valor de Christian, sino sencilla y contundentemente por AMOR. De un INTENSO AMOR.
MirtaS |
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