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Crític@s
La espada de la oscuridad de Kinley MacGregor |
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Después de la caída de Arturo Pendragón, el nuevo Penmerlín tomó una decisión trascendental. Los 13 objetos sagrados que habían constituído la fuente de poder y grandeza de Camelot fueron dispersados y ocultados entre el reino del hombre y los dominios del pueblo mágico para que nunca cayeran en manos de las fuerzas del mal, especialmente de Morgana, quien ha instaurado su propio reino de perdición. Esta novela, primera de la serie Los Señores de Avalón, cuenta la historia del destino de 2 de esos objetos: la Espada Caliburn y el Telar de Caswallan, y la de 2 seres opuestos que -precisamente por ser tan diferentes- resultan complementarios. Pero me estoy adelantando, comencemos por el principio: Medioevo. La joven Seren es aprendiz en un taller de tejido. Atesora un viejo telar, legado de su madre, con el que ha hecho una preciosa tela roja en la que tiene depositado su sueño: presentarla ante los maestros para poder ser admitida en el gremio y así obtener su libertad. Pero el día que va a cambiar su vida comienza mal y termina peor. Su trabajo es rechazado, 2 caballeros rubios y hermosos la abordan -ella cree que con fines indignos -y le cuentan una historia inverosímil que la tiene como futura protagonista- "¡Dama de Avalón y madre del próximo Merlín, nada menos!" -y Seren, ignorante de su linaje, huye de quienes sí podían ayudarla para caer voluntariamente en las garras de quien sí debía escapar. Sella su destino al aceptar la mano de este Caballero Oscuro que la sube a su negro corcel para llevarla a los confines de la imaginación, la Tierra detrás del Velo: Camelot tras la caída del Bien, un reino de perdición y sombras eternas gobernado por la insaciable maldad de Morgana y por Kerrigan, su Campeón. Ambos piensan usar a Seren y eliminarla una vez concluída su utilidad. Prisionera en los aposentos privados de Kerrigan, la pequeña tejedora no es lo que él esperaba: rubia, delicada y casi desnutrida, le hace pensar en una "ratita". Pero una ratita con agallas, que le planta batalla, no demuestra miedo, lo desafía hasta decir basta y que -increíblemente y no importa lo que él haga o haya hecho en el pasado -siempre parece esperar lo mejor de él. Pronto, y a pesar de sí mismo, comienza a protegerla y a sentir por "su ratita" emociones y sentimientos muy fuertes- admiración por su temerario valor, respeto por su dignidad, ternura por su inocencia y un anhelo salvaje por ser capaz de convertirse en el hombre que sólo ella ve y que él bien sabe que no es- que juzgaba muertas y desterradas hacía siglos de su maldito corazón. ALGUNOS ÍTEMS A MODO DE COMENTARIO: 1- La pareja protagónica está fundada en un juego de polaridades, se podría hacer un cuadro de oposiciones binarias con las características antagónicas de cada uno, partiendo, desde luego, de la dicotomía Bien/Mal. De los 2, el de Kerrigan es el personaje más elaborado y complejo. ¿Cómo se vuelve de lo que él es, de lo que hizo y aún hace, de su forma de "alimentarse", por ejemplo? Ha practicado el Mal con Mayúscula por siglos, lo ha visto Todo, lo ha hecho Todo. Pecador sin redención, tenemos que conocer su pasado, sentir en carne propia su dolor, su miseria y su humillación para entender su elección. Y la autora lo logra. Además, romántica incurable, me encanta que lo salve el Amor. Ahora bien, y tengo que decirlo: Poderoso e invulnerable cuando empuña a Caliburn y de vuelta de todo en el sentido literal del término, Kerrigan no se acerca al status de "macho alfa" como un Dageus de Moning, un Carpatiano y ni cerquita de un Dark Hunter, me atrevería a decir. En ese sentido, creo yo, daba para más y se queda en los prolegómenos. Si bien los encuentros sexuales entre ellos están bastante bien (sobre todo el primero) no son incendiarios. En ese sentido, no son una pareja explosiva. Pero sí hay momentos de mucha ternura: cuando Kerrigan se pone la túnica roja que Seren le regaló para sentirla más cerca, o cuando va al cuartucho donde ella pasó casi toda su vida adulta y le duele en el alma la miseria en la que ella vivió sin que eso la haya convertido en un ser mezquino y ruin -más bien todo lo contrario-y se guarda un dedal. 2-Camelot , Avalón, las leyendas del ciclo artúrico, Los Caballeros de la Mesa Redonda, Merlín, Penmerlines, gárgolas, mandrágoras, adoni, mods, hechizos y amuletos mágicos, viajes y teletransportaciones en el tiempo y el espacio... una intertextualidad abigarrada vertebra la novela y, por momentos, parece demasiado. Todo un Bestiario o manual de zoología fantástica despliega MacGregor en este mundo de ficción y por suerte, al final del texto , encontramos una guía aclaratoria junto con un aperitivo de la próxima historia. Digamos que Morgana va por más y - salvando las distancias y el hecho de que ella es mala y la otra, en los papeles, lucha por el Bien - a mí me hace acordar terriblente a la diosa Artemisa de los Dark Hunters. En lo jodidas y en lo lascivas...parecen primas hermanas. 3- En una novela de atmósfera tan densa y oscura, el humor vendría a ser como una brisa refrescante y esta novela lo tiene... en las bromas que se gastan y en la camaradería que hay entre Kerrigan, Blaise y Garafyn. Y fundamentalmente en la presencia de anacronías con guiños al lector en las forma de comentarios y alusiones a cosas y hechos del futuro por parte de los personajes, tales como las series que abordan fenómenos paranormales (léase X Files) o la saga de Star Trek (cuando las gárgolas le cuentan a Kerrigan que hallaron la forma de pasar desapercibidos en el siglo XX), o cuando Garafyn le comenta a Kerrigan que le gusta cabrear a Morgana porque ésta se pone como Linda Blair en El Exorcista. La que está perdida es la pobre Seren, lo que la lleva a decir: "Solo entiendo una décima parte de lo que decís". VALORACIÓN FINAL: me gustó , no me mató pero seguramente voy a seguir leyendo esta serie. De 1 a 10, le doy un 7. Paula |
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