|
|
|---|
Crític@s
La institutriz de Karen Ranney |
|---|
|
Beatrice Sinclair es una huérfana (una epidemia de cólera azotó la región escocesa donde vivía y mató a sus padres y amigos), empobrecida y sin perspectivas de matrimonio (rechazó alguna propuesta), que se encuentra en una situación desesperada y en la imperiosa necesidad de conseguir un trabajo que la sustente. Tras varios infructuosos intentos, finalmente se dirige hacia el castillo de Crannoch para solicitar trabajo al duque de Brechin. Sorprendentemente, Beatrice se encuentra con que el duque (Robert) no es más que un niño de apenas siete años, falto de educación pero imbuido de una enorme arrogancia y prepotencia; un niño falto de cariño y atención, solitario y asustadizo (con motivos) (si hubieran puesto que se trataba de un niño de 10 años, para mi hubiera sido más creíble… demasiada “precocidad” para entender motivaciones ocultas e interpretar sentimentos ajenos). Cameron Gordon, el tío y tutor del pequeño, acaba contratándola como su institutriz. Este tío/tutor se encuentra sujeto a una silla de ruedas (quedó postrado en el mismo accidente que perdío la vida su hermano), casado (aunque momentáneamente su 2ª mujer está ausente) y hubiera deseado ser el poseedor del título, propiedades y fortuna. El castillo de Crannoch resulta ser una antigua, laberíntica (la protagonista siempre se pierde) y austera propiedad, envuelta en una nube de oscuridad, misterio y peligros inminentes (personajes como Gastón esbirro/secuaz correveidile del tío Cameron con horribles cicatrices en su cara es uno de los tantos personajes secundarios que refuerza este aspecto). A ojos de Beatrice, el ambiente sofocante y deprimente (lúgubre) es poco promisorio… pero no es más oscuro que el pasado del que huye (ya habíamos dicho que su situación era deseperada: se moría de hambre). Robert (el duque niño) tiene un primo al que quiere y en el que confía: Devlen Gordon. Es un hombre que se ha construido a si mismo y ha levantado su propio imperio económico. No hay espacio en su vida para una esposa pero, desde el principio siente una irreprimible atracción por la nueva institutriz de su primo, una muchacha seria, demasiado directa (yo creo que ella se arroja a los brazos de él… sin esperar demasiado que él la solicite), vestida con harapos, que se encuentra muy lejos del estereotipo al que está acostumbrado. Beatrice también siente inquietud y excitación desde el primer momento por este hombre encantador, misterioso y enigmático. Su trágica vida hace que viva el presente (huyendo del pasado y sin pensar demasiado en el futuro). Ambos son renuentes a rendirse a los deseos y sentimientos que comienzan a surgir entre ellos, pero a la vez son incapaces de obviarlos. El destino y la curiosidad, están en su contra, ya que cuando comienzan a suceder atentados contra la vida del duque, que pasan como “accidentes” en el castillo de Crannoch, Devlen debe intervenir alejando al niño y su institutriz de allí y llevándolos a Londres. Una vez allí, Beatrice cumple las funciones de institutriz durante el día y de amante de noche. Beatrice es consciente del abismo social entre ambos y que para Devlen ella no es más que una conquista más, una rareza en su vida. Inician una relación que está destinada a ser efímera y sin promesas (también agregaría sin muchas esperanzas por parte de ella). A medida que la relación va progresando en el tiempo, se van afianzando sus sentimientos. La sombra de un asesino está siempre presente y es constante la duda sobre su identidad...¿quién sería el más beneficiado de la muerte de Robert? La relación entre Robert y Beatrice transciende el lazo de “ Su Gracia” e institutriz, despertando en esta última fuertes sentimientos protectores. Aparecen diferentes personajes cuyas personalidades y secretos mantienen el suspenso a lo largo del libro. Presenta varios inconvenientes ocasionados por conjugaciones y tiempos verbales incorrectos, falta de signos de diálogo, calidad del papel, etc propio de las publicaciones de esta editorial. A pesar de ello, la novela tiene una lectura rápida debido a abundantes diálogos y una narración fluida en las descripciones. Tiene escenas eróticas de lo más sugerentes, aunque creo que la protagonista “peca” de una cierta frialdad/resignación/falta de alegría de vivir (como anestesiada o detrás de una cortina de bruma …¿producto de la dura vida que le tocó vivir? ¡¡Sufridora nata!! ... jajajja). El final me parece algo precipitado, con motivaciones irracionales sacadas “de la galera” a último momento. El libro está plagado de personajes tormentosos (cayendo algunos en lo grotesco) para, justamente, darle el carácter de “gótico” a esta novela. La oscuridad se da por lo lúgubre del paisaje, lo tétrico de lo vivido y lo perverso y retorcido de los intereses que llevan a los personajes a interactuar. Me resultó novedoso (mi primera novela romántico-gótico) pero no lo considero un libro de lectura imprescindible. Entretiene, pero no deja huella indeleble ni pasará a la pila de las re-lecturas.
Juana |
Copyright © Gauchas Románticas 2006 -2008
Todos los derechos reservados