Cartelera y relatos

 

 

 

Crític@s

Seductora inocencia de Gaelen Foley

Londres 1814.

“Pues ¿quién es tan severo como para no dejarse seducir?
William Shakespeare.

Robert Knight noveno Duque de Hawkscliffe, tenia todo lo que un hombre podía desear.

Incluso una historia familiar plagada de escándalos, que a fuerza de voluntad había sabido redimir probando que nada tenía que ver con el pusilánime de su padre.

A sus treinta y cinco años, su porte aristocrático develaba generaciones de esmerada educación y disciplina

Su rostro que parecía tallado sobre granito no traslucía emoción alguna. Su cabello negro como el carbón, caía abundante dando el marco apropiado a ese rostro severo, de ojos penetrantes que revelaban una voluntad férrea e implacable. Su nariz aguileña semejaba demasiado el perfil de un halcón, aunque su boca firme y a la vez sensual, captaba demasiado la atención de las damas.

Robert Knight noveno Duque de Hawkscliffe, parecía tener todo lo que un hombre podía desear, excepto el amor Lucy, la joven y bella esposa del Conde de Coldfell, recientemente fallecida, en un dudoso accidente.

Aunque su amor había sido platónico, pues el honor le impedía deshonrar a un par, Knigth asumiría como propia la tarea de vengar la muerte de Lucy.

Alentado por el propio Coldfell, cuya avanzada edad no le permitía actuar por si mismo, lo “prometió” sobre la tumba de la joven y deseada mujer.

- ¿De quien sospecha Coldfell? ¿Sabe algo?

- Mi sobrino excelencia. Mi heredero, Dolph Breckinridge.

Belinda Hamilton nunca entendió claramente porque su sola presencia lograba que el tráfico masculino se detuviese a observarla o intentara prodigarle demasiadas atenciones.

Tampoco importaba ahora, pues su actual situación no podía ser más desastrosa. Su padre en la prisión para deudores, su trabajo en una escuela de señoritas perdido, le obligada a disputarse con golfillos, prostitutas y otros vendedores ambulantes un lugar en la calle. Aún así Belinda intentaba sobrellevar con la dignidad de una dama sus desgracias.

La calle es un lugar muy duro para que quien no tiene la protección de una familia y en realidad todos sus infortunios tenían nombre y apellido, el de ese horrible, grosero y brutal hombre: Lord Dolph Breckinridge.

Dolph Breckinridge había querido hacerla suya y ante su negativa, había intentado arruinarle la vida. Primero se había ocupado de su padre, luego de ella, esperando que en su desesperación, se arrojase por fin en sus brazos.

Pero si Belinda pensaba que su situación era terrible, un hecho violento le arrebataría todo. Su dignidad, su orgullo, “su honra”, que para ser sinceros era lo único que le quedaba.

Tres días con sus noches pensó en acabar con su vida, hasta que entendió que tenía la mejor forma de venganza en sus manos. Nada tenía que perder, ahora era “una mujer caída”.

Pagaría el hombre que había arruinado su vida, y pagarían por ella todos los hombres.

Ya no tenía nada decente para ofrecer, pues ahora ellos le ofrecerían y se rendirían a sus pies.

Así se conocieron “el Duque” y “la Cortesana”, el siguiendo la pista de su enemigo, ella buscando un protector que la protegiese de Lord Dolph Breckinridge.

Aunque Knigth despreciaba a las de su profesión y en su austera e intachable vida nunca había tenido una “querida”, no pudo menos que admirar a esa bellísima joven, que tendría que haber estado en los salones de bailes, no vendiéndose al mejor postor.

Pero si su fortaleza titubeó al verla, saber que tenían un enemigo en común lo decidió.

Knigth hizo a Belinda una propuesta comercial, que ella no pudo rechazar.

Sería su protector, viviría en su casa, ocasionalmente atendería sus necesidades sexuales, después de todo ese era su oficio y a cambio, él la cubriría de lujos, pero lo más importante: ella sería el instrumento de su venganza.

Pero, ¿sería realmente esa la única motivación?, ¿quién era esa cortesana con modales de dama?

Knigth era un caballero, jamás obligaría a Belinda a hacer algo que no deseara, pero... ¿qué deseaba ella?

“La venganza es un plato que se sirve frío”... y... ”El amor el vino que entibia cualquier duro y seco corazón”.


Comentario:

Esta obra es excelente, pero no por eso menos dura.

Presenta la Inglaterra del siglo XIX con un realismo cruel y brutal. Sin lugar a dudas puede herir la sensibilidad de alguna lectora.

A pesar de eso, es muy interesante. Creo sinceramente que la autora intenta reflejar la vida de las mujeres, sus problemas, su indefensión y lo hace muy bien.

Hasta la mitad del libro Robert Knigth en su postura de “caballero intachable”, “acartonado y mojigato”, no se diferencia demasiado del hombre al que persigue o del que abuso de Belinda. La única diferencia, es que sus abusos no son físicos.

Mira desde un pedestal, cuando su propia vida es bastante miserable y tiene varios “esqueletos en el armario”.

Sólo cuando el amor resquebraja su armadura de soberbia esta dispuesto a escuchar, a ver, a entender.

Insisto, es un muy buen libro, pero para leerlo relajada y con la autoestima muy alta.


Mónica Adriana

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