Cartelera y relatos

 

 

 

Crític@s

Sucedió en otoño de Lisa Kleypas

Cuando nadie sacaba a bailar a una dama en las fastuosas fiestas de la cerrada sociedad londinense, esta se convertía en un “Florero”. Un objeto caro, bello y decorativo, aunque bastante inútil. Era un duro y despiadado destino, pero ¿para que desear lo que nadie esta dispuesto a darnos?

Así es que las jóvenes podían resignarse a su suerte pero… ¿que pasaría si esas damas se uniesen con un único y elevado propósito?: el de “conseguirse un marido”.

Cuatro jóvenes mujeres conspirando…decididamente los caballeros no tenían ninguna oportunidad.

Estas son sus historias...



Lillian y Marcus

Stony Cross Park, Hampshire. Inglaterra.

Lord Marcus , octavo conde de Westciff era muy conciente de su linaje, su ascendencia, su posición social, su influencia en el reino y sobre todo de las responsabilidades que conllevaba su holgada vida de privilegios.

Criado con una austeridad espartana, sólo necesitaba una mirada de sus duros ojos oscuros para dominar a la gente o llamar al silencio al más rebelde de sus criados. Su presencia jamás pasaba desapercibida, hasta las habitaciones parecían reaccionar ante él y vaciarse de oxígeno cuando ingresaba, pues “nada” podía quedar en ellas si estaba Westcliff presente.

Era un hombre justo y con un gran sentido del honor, lo que hacía que sus pares lo respetaran, aunque también lo temían. Para las damas, ningún premio sería comparable como el de atrapar a lord Westcliff en las redes del matrimonio. Además de poderoso y rico, lord Westciff poseía una ruda y masculina belleza acompañado de un atractivo físico casi animal que lo hacían un hombre por demás deseable para cualquier mujer, sobre todo dentro de sus camas.

Quizás por eso, nada en la disciplinada vida de Westcliff lo habían preparado para la violenta irrupción de Lillian Bowman.

Esta joven americana, integrante confesa de “las Floreros”, era hija de un acaudalado industrial con quien Westcliff tenía intenciones de asociarse.

“Las Princesas de las Pompas de Jabón”, así llamaban cruelmente los londinenses a Lillian y a hermana Daisy, haciendo referencia al origen de su fortuna, quienes rechazadas por la exclusiva sociedad Neoyorkina, habían sido literalmente “trasplantadas” por sus padres con la esperanza de lograr casarlas con algún aristocrático y arruinado miembro de la nobleza inglesa.

Por su condición de “nuevos ricos” producto del trabajo propiciado por el desarrollo industrial, eran rechazados en ambas sociedades, lo cual no parecía hacer mella en el alegre y decidido carácter de las jóvenes.

Para Lillian, Lord Wescliff sólo era una arrogante, aburrido, autoritario, viejo y soso conde al que ella y su hermana necesitaban para que convenciese a su madre, la Condesa Viuda, y que esta aceptara ser su madrina en la próxima temporada social londinense.

Con semejante madrina, nadie se atrevería a rechazarlas. Claro que ¿cómo convencer a Westcliff? , o quizás chantajearlo... pero ¿cómo?, si en su impoluta vida no habían fisuras.

Nuevamente “Las Floreros” trazan planes, Evie Jenner, Annabelle, ahora señora Hunt y las hermanas Bowmann, se ponen manos a la obra.

Para Westcliff, Lilliam Bowmann era la más mal educada, irreverente, indisciplinada y hedonista joven con la que había cruzado en su vida. Máxime cuando la sorprendió a ella y sus amigas jugando “rounders” en calzones….(ni siquiera cerrando los ojos se borraba semejante imagen de sus retinas). Sólo la soportaba porque necesitaba a su padre.

Pero no podía menos que admirar esas inagotables energías, esa voluntad de hierro, esa sinceridad demasiado directa para la hipócrita sociedad inglesa, ese increíble y sedoso cabello, esas curvas voluptuosas, sus suaves senos y esas largas e interminables piernas... (Dios!!! En que estaría pensando!)

Los choques fueron inevitables, así como los comentarios mordaces, las muestras de ingenio y el esgrima verbal, del que no siempre era la sangre de Westcliff la que derramaba, pero en tanto duelo abierto y encarnizado, aún sin saberlo, Lilliam estaba a punto de lograr su objetivo... aunque con el hombre equivocado.

Lord Westcliff entiende que Lillian es una bocanada de aire fresco en su agobiante vida, y no va a dejarla escapar....¿para que es un conde si no puede hacer uso de sus privilegios? Sólo tenía que “ordenarlo” y Lillian debería casarse con él…así funcionaba el mundo, “su mundo”.

El único problema era convencer a la terca y voluntariosa Lillian, que debía “obedecer”, máxime cuando se cruza en sus vidas Lord Sebastián, el Vizconde St, Vincent, el más bello, libertino e inescrupuloso de los hombres que una mente femenina pudiese imaginar.

Marcus descubrirá de la peor manera, por la traición de su madre, que no siempre puede controlarlo todo…pero ahora su felicidad depende de ello.

 

Comentario:

SOBERBIO, nadie va a olvidad el personaje de Marcus Lord Westcliff. Como tampoco es posible olvidar los diálogos y las situaciones graciosas de este libro.

Simplemente EXTRAORDINARIO.

Nuevamente reitero: ESTE LIBRO NO PUEDE FALTAR EN NINGUNA BIBLIOTECA DE ROMANTICOS.


Mónica Adriana

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