Ya me parece un clásico escribir la crónica de la presentación de mis propios libros. ¡Ni que lo hubiese hecho tantas veces! Sólo una vez para la de “Indias Blancas-La vuelta del ranquel” (octubre de 2005). Sin embargo, son tan fuertes las emociones que experimento que me parece haber vivido estos eventos un sinfín de veces.
El pasado sábado 19 de agosto de 2006, presenté en Buenos Aires el primer libro que escribí allá por 1997, cuando publicar mis novelas románticas era una quimera. El sueño se volvió realidad y creo firmemente que fue así gracias a dos cosas: a la ayuda de Dios y a la confluencia de dos energías positivas y poderosas: el amor por lo que hago y el apoyo y cariño de mis lectoras. No tengo palabras para agradecerles a ustedes, queridas amigas, la ayuda que me han brindado en estos últimos años. Sin ustedes, lo del sábado 26 no habría sido posible.
Deben saber que las presentaciones me ponen muy nerviosa, hablar en público me da pánico. Ayer no fue una excepción y por eso, al entrar en la librería Ateneo Grand Splendid junto a Miguel, mi esposo, me sentí desfallecer. Aún era temprano (16:35 hs.) y me tomé mi tiempo para subir por la escalera los dos pisos hasta el salón. Vi en primer lugar a mi editora Julieta Obedman y la escuché decir: “¡Ahí llegó!”. ¡Qué nervios! Pero bastó encontrarme con algunas de mis queridas lectoras, firmes en los primeros sitios, y con las chicas de Manderley (Julieta, Analía y Juliana) para que las pulsaciones comenzaran a menguar. Todas me saludaron con muchísimo afecto y me alentaron como sólo ellas saben hacer. Nos sacamos fotos, ¡tantas fotos!, los de la revista QUID de la librería Ateneo también nos sacaron fotos, charlamos, me puse el micrófono, me lo saqué después, me lo volví a poner y así pasaron varios minutos en donde conseguí tranquilizarme.
En cuanto al salón, se trataba del foyer del cine que antes funcionaba allí, al mejor estilo francés, con un gran balcón redondo en medio y hermosas molduras de yeso pintadas de dorado. Algunos se quejaron de que había poca luz, que el sonido no era de lo mejor y que el espacio resultaba pequeño. Sin embargo, se creó un entorno magnífico gracias a los buenos sentimientos de los que vinieron a compartir ese momento conmigo.
Mi editora, Julieta Obedman, a quien agradezco todo la paciencia que me tuvo y el cariño que me dio, abrió el evento poco después de las 17 hs. agradeciendo la presencia del público y a la librería Ateneo. Acto seguido, habló del lanzamiento de Manderley, el nuevo sello del Grupo Santillana exclusivo para novela romántica. Esto representa un hito en la historia del género en nuestro país, ya que el personal de la editorial se está dedicando exclusivamente a conocer, con mucho entusiasmo, este maravilloso mundo de la romántica. Es, sobre todo, un gran desafío.
Después comenzaron las preguntas, las de Julieta y las del público, que se entremezclaban y hacían que el evento se desarrollara en un ambiente distendido, como un diálogo de amigos. Hablamos primero del género, de los prejuicios que lo llevaron a ser considerado literatura de segundo nivel, de los errores que se cometieron en el pasado, de lo que se debería hacer para rectificar la situación, de lo que sentimos cómo lectoras, de lo feliz que estamos con el cambio que se está operando. En fin, no nos dejamos nada en el tintero.
También comentamos acerca de Lo que dicen tus ojos, pero no podía explayarme en las respuestas porque, en esa instancia, casi nadie había leído el libro. Las preguntas reflejaban el interés por conocer el mundo árabe como también las dos naturalezas de Kamal Al-Saud, la oriental y la occidental.
Me preguntaron si habría una continuación de Lo que dicen tus ojos y si se re-editaría Bodas de Odio. En cuanto a lo primero, dije que tenía muchas ganas de escribir una segunda parte tomando como personaje principal a alguno de la descendencia de Kamal y Francesca; a lo segundo respondí que sí, que habría una re-edición, para lo cual haría un trabajo previo de pulido del estilo.
Julieta dio por terminado el espacio destinado para las preguntas y anunció que yo firmaría ejemplares. Asimismo invitó a los presentes a compartir un refrigerio que se servía en un extremo del salón.
La firma de ejemplares es siempre un momento de enorme gratificación y satisfacción para mí porque conozco personalmente a mis lectores, intercambio palabras e impresiones y recibo todo el cariño que sienten por mis libros, que es como si lo sintieran por mí. Sé que la cola para la firma era larga y que algunos esperaron mucho tiempo de pie. Quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón el esfuerzo que hicieron por acompañarme en la presentación de este nuevo libro, nunca lo voy a olvidar y creo que aquí termino porque estoy sintiendo que las palabras no logran transmitir lo que mis lectores me hicieron vivir el sábado pasado. GRACIAS, MUCHAS GRACIAS.
Florencia Bonelli
florbonelli@yahoo.com