El día de mi presentación fue emotivo e inolvidable. Hay jornadas que se guardan en la mente para ya nunca dejarlas ir; esta fue una de ellos y se lo debo al recibimiento que me brindaron las lectoras que se quedaron para conocerme.
Como todas sabrán, la presentación comenzó inmediatamente después del término del primer encuentro de lectoras argentinas de novela romántica que organizo el sitio Gauchas Románticas, merito exclusivo de Naty y Nebe, que hicieron un trabajo maravilloso a pulmón y sin olvidarse de lo más importante: la calidez humana.
A las cuatro de la tarde entré al salón escoltada por mi hija y mi hermana, en nada contagiadas por mi nerviosismo; las chicas que se acercaron a mi en un primer momento me sonrieron, me alentaron, me hicieron sentir como una amiga a la que esperaban para hablar. Ahora me arrepiento de no haber adelantado un poco la entrada y haber participado en el brindis, quizás las burbujas hubieran ayudado en algo a relajarme.
Al momento de sentarme frente a ellas en algo me había tranquilizado, todas me miraban ¡a mi! que temo ser el centro de atención… Hubo algo que me sucedió y no quiero dejar de comentarlo: me reconforté con las sonrisas que me dedicaban las lectoras presentes cuando ya estaban instaladas en sus asientos esperando que se diera inicio al acto; no es un secreto entre mis familiares y amigos que en mi interior habita un ser huraño, que disfruta de los silencios y se lleva tan bien consigo misma que no le teme a la soledad, ni a la falta de palabras, sería una mujer de muy pocas voces sino fuera porque sería tomado a mal por tantas personas muchas veces al día.
Mercedes, mi editora, tuvo la idea de repartir unas papeles entre las asistentes para que escribieran las preguntas que quisieran; cuando recogió las preguntas y me miró un momento antes de formular el primer interrogante me di cuenta que finalmente comenzaba a moverse el engranaje. Y debí usar mi voz, así comenzó la presentación de mi primera novela publicada.
Las preguntas fueron varias, muchas iban desde el proceso creativo hasta mi escritora favorita; pasando por si prefería alguna época en particular o tenia pensado escribir histórica; alguna chica recordó una novela que yo había colgado en otro foro y voy a decir la verdad; me sentí muy contenta que no la hubiera olvidado, y mientras contestaba me di cuenta que aquello no eran tan malo como lo había imaginado mi cabeza; porque no miento si digo que tenia pánico a enfrentarme a las preguntas: ¿Qué podía decir yo? ¿Podía estar a la altura de la cita? Sí, a medida que pasaba el tiempo me daba cuenta que sí.
En algún momento se sirvió una torta escocesa, Dundee Cake, la preferida de Ignacio Estember, el protagonista de He aquí un secreto. Las chicas la alabaron, mi hermana aseguró que estaba exquisita y yo debo confesar que me quedé sin probarla.
Así pasó el tiempo, al final, al dar las gracias deseé en silencio haber correspondido a las posibles expectativas que las chicas presentes pudieran haber tenido. Había pasado un momento maravilloso y no encontraba la forma de dar las gracias.
Cuando firmé algunos ejemplares que me acercaron, comprendí que me había convertido en una escritora como siempre lo había soñado; que ya no era un juego crear historias de amor sino mi vocación y cada vez que dije: espero que te guste la historia, me salía del alma.
Redondeando esta crónica me queda por decir que sepan disculpar aquellas presentes si esta escritora fue corta en charla o enredada en las respuestas; prometo mejorar para la segunda.
Y el final lo reservo para una persona a la que no conocía, quiero darle las gracias a Florencia Bonelli por las palabras que cruzó conmigo, por las sonrisas que me dirigió y por haberse quedado a la presentación; quedé encantada con la calidez con que me trato.
Muchas gracias a todas las lectoras que estuvieron, encantada de conocerlas; les mando un cariño enorme.
Soledad Pereyra