En noviembre del año pasado, recibí un correo electrónico de Graciela Vaia, la jefa de la Biblioteca Popular “Alfonsina Storni” de Sampacho, una ciudad al sur de la provincia de Córdoba, distante a unos 40 km. de Río Cuarto.
En ese correo, Graciela me contaba que mi libros Indias Blancas e Indias Blancas-La vuelta del ranquel eran los de mayor demanda, con una larga lista de espera, y me preguntaba si podía ir a visitarlos. Programamos la visita para el mes de marzo de 2007.
Miguel, mi esposo, decidió acompañarme.
Pocas veces me he sentido tan querida y halagada como durante esta visita a Sampacho. Desde el primer momento y hasta que me despedí de los sampacheros, experimenté una sensación de bienestar y alegría que se da cuando todo el mundo está feliz y quiere que las cosas salgan bien.
Llegamos a Sampacho a las 3 de la madrugada del viernes 16 de marzo. El ómnibus nos dejó a las puertas de la ciudad, sobre la ruta nacional 8, donde Graciela y su yerno, Dante, nos esperaban para llevarnos al hotel San Fernando a descansar algunas horas.
En el hotel me sorprendieron llevándome un ramo de rosas con el desayuno y una tarjeta de bienvenida.
Cerca del medio día, Graciela y su hija Mariela fueron a buscarnos para recorrer la ciudad. Lo primero que conocí fue la biblioteca “Alfonsina Storni”, y me quedé muda cuando, al adentrarme entre sus góndolas y estantes, descubro una de las colecciones más completas de novela romántica que vi en Argentina. ¡No daba crédito a mis ojos! Nora Roberts, Lisa Kleypas, Virginia Henley, Kathleen Woodiwiss, Shirley Busbee, Laura Kinsale, y tantas, tantas otras. Decenas y decenas de libros románticos, de Titania, Javier Vergara, Plaza y Janés... ¡Es que las mujeres de Sampacho son románticas por excelencia!
De allí nos llevaron a comer a la casa de María Luisa, miembro de la Comisión Directiva de la biblioteca, y de su esposo, Alberto. Nos recibieron con tanto cariño que, de inmediato, Miguel y yo nos sentimos como en casa, y comimos tan rico que me vuelvo a acordar y se me hace agua la boca. Jamón crudo ¡curado por ellos mismos en su campo! y ravioles caseros, con estofado. No me envidien.
Fuimos a conocer a algunos miembros de la sociedad sampachera y nos llevaron también al Santuario de la Virgen de la Consolata, la reina de la ciudad. Es una Virgen hermosísima, originaria de Turín, Italia, cubierta por un vestido de plata, con el Niño en brazos. El padre Miguel y el padre Bernardo hicieron de cicerones por el Santuario, y nos quedamos admirados de la belleza arquitectónica del mismo, con frescos increíbles, imágenes hermosas, vitrales, y un altar que me dejó perpleja.
El evento tuvo lugar a las 20 hs. en el Club Social “Progreso”, donde se había dispuesto un salón con sillas y una mesa larga al frente donde nos sentamos Miguel, Graciela Vaia y yo. Antes de entrar en el salón, dos periodistas de la radio de Sampacho me hicieron una corta entrevista.
En el salón había mucha gente, y, quienes me conocen, saben que eso me intimida. Pero enseguida me sentí a gusto y tranquila. Aldo, el locutor de Sampacho, hizo una presentación muy cálida, seguido por un corto concierto de violín a cargo de Guillermo Oliva, un talentoso de tan sólo quince años.
Después de este magnífico interludio musical, pasamos a las preguntas que Graciela tenía preparadas. No fue necesario pedirle al público que participara y preguntara, eso surgió naturalmente. Querían saber cómo había nacido la idea para escribir Indias Blancas , qué parte de la historia era verdad y qué parte ficción, cómo era el proceso creativo, qué ritos cumplo para sentarme a escribir, dónde lo hago, si hay que leer sólo para aprender o también para entretenerse, a qué razón adjudicaba el éxito de mis libros en Sampacho, y mucho más.
Luego de una larga charla, casi un diálogo de amigos, me entregaron una imagen bellísima de la Virgen de la Consolata de unos veinte centímetros de alto, que fue bendecida por el padre Bernardo, quien me había hecho el honor de estar presente esa noche. Acto seguido, el señor intendente de Sampacho, Santiago Bordese, me entregó un decreto enmarcado donde se declaraba mi visita de “interés cultural”, algo que me conmovió profundamente y me dejó sin habla.
Terminado el evento, pasé a otro salón para firmar ejemplares y conversar con mis lectoras, actividad que me llena de alegría porque me permite conocer personalmente a aquellos que leen mis libros e intercambiar anécdotas y opiniones expresadas con mucho respeto y cariño.
Luego de la firma de ejemplares, ya estaba lista la cena en el mismo Club Social “Progreso”, donde alrededor de cincuenta personas compartieron conmigo mis últimos momentos en Sampacho. Nos sacamos muchas fotos, hablamos mucho, comimos muy rico, brindamos y nos despedimos con la promesa de que voy a volver pronto. El señor intendente, Santiago Bordese, me preguntó si volvería para presentar mi nueva novela, “El Cuarto Arcano”, a lo cual respondí que con gusto.
Viajamos a Río Cuarto, donde pasamos la noche pues al día siguiente, sábado 17 de marzo, a las 18 hs., teníamos la presentación en la librería “Babilonia” de dicha ciudad.
Pasé un día muy agradable en Río Cuarto, ciudad que no conocía, y luego me retiré al hotel para descansar un poco y prepararme para la charla de la tarde.
Aunque fallaron algunos detalles de organización (falta de publicidad del evento, un salón un poco bullicioso, un mal micrófono), creo que la presentación en “Babilonia” salió muy bien gracias al cariño de mis lectores y a la buena predisposición con que concurrieron.
Apenas llegué, me encontré con un enorme ramo de flores, regalo de las hermanas Poggi, fieles y entrañables lectoras de Río Cuarto. Luego, Adrián Giordano, dueño de la librería, me presentó y comenzamos con las preguntas, a las que le siguieron algunas del público. Creo que lo que quedó en claro en esta charla es que yo escribo novela romántica, ambientada en un contexto histórico, sí, pero novela romántica al fin.
Acabado el evento, habiendo firmado algunos ejemplares, mis queridísimas amigas de Río Cuarto, Natalia Klein, Petty, Ñata, Gelly Caballero, Marisa Mónica y Valeria Girón, me entregaron un pergamino en dorado oro, enmarcado con un lujo asiático, como recordatorio de mi visita a dicha ciudad. Las palabras allí grabadas son las siguientes: Flor: éxito en tus próximas publicaciones. Te quieren tus lectoras riocuartenses. Gelly, Marisa, Naty, Ñata, Petty y Vale. 17.03.07
¿Qué puedo decir? GRACIAS me resulta poco. GRACIAS desde lo más profundo de mi corazón se acerca. Las quiero mucho, por incondicionales y generosas.
Y vuelvo a decir GRACIAS a mis queridas amigas, Naty Klein y Petty, que nos proporcionaron un viaje de regreso más que estupendo. Llegamos a Buenos Aires ayer domingo a las siete de la mañana, y, aunque cansados (habían sido tres días muy intensos), nos sentíamos plenos y felices porque el amor de la gente opera de ese modo en los demás, haciéndolos sentir bien.
¡Gracias, Sampacho! ¡Gracias, Río Cuarto! Y hasta la vuelta.
Florencia Bonelli
florbonelli@yahoo.com
Buenos Aires, 19 de marzo de 2007