Una mujer escribe en un foro de lectoras: “Leo novela romántica, porque me gusta, y ni soy una ñoña, ni una maruja, ni una desesperada de la vida. Considero que ya hay bastantes males en este mundo como para encima leer cosas desagradables o que te dejen baja de ánimos”. A la cruzada se le suma otra lectora que dice “leo novela romántica porque me entretiene, me llena, me relaja, me divierte, me hace soñar, me ilusiona, me levanta la moral, me motiva, me enseña”. En pocos días son más de mil las mujeres del foro que responden el porqué de las novelas de amor.
Quien contesta ahora la pregunta, desde su estudio en Buenos Aires, es la escritora cordobesa Florencia Bonelli, que mañana presentará en Córdoba su novela Lo que dicen tus ojos, el primer título de Manderley, un sello del grupo Santillana exclusivamente dedicado al género rosa.
–¿Por qué te decidiste por la novela romántica?
–Por una cuestión de gustos. Es el género que sigo desde que tengo uso de razón. Incluso desde antes de aprender a leer. Siempre cuento que no hubo nada que afectara más mi infancia que la Cenicienta de Walt Disney... y el primer libro que leí y me marcó para siempre fue Jane Eyre, de Charlotte Brönte. Las películas y las novelas románticas siempre me emocionaron mucho más que cualquier otro género. Ninguno me llega tan profundamente, ni me toca tan íntimamente. Y no puedo explicar lo que amo: me encanta este género, y no se me vienen a la mente otras historias que no sean románticas.
Contra los prejuicios
Florencia Bonelli es, en el cada vez más grande mundo de la literatura de tema amoroso y final feliz, una de las escritoras más reconocidas. Ha escrito Marlene e Indias Blancas I y II. Y sabe que el ambiente literario no es nada amable hacia el género que ella defiende a capa y espada.
–¿Cómo te llevás con los prejuicios que hay en torno al género romántico?
–Los prejuicios son terribles. A mí siempre me dicen que no soy novelista romántica, que más bien hago novela histórica. Me lo dicen como si fuera un elogio... y yo les digo que no, que por más que suelo situar la acción en un ambiente histórico, lo que yo escribo es novela romántica. La gente cree que si leés novelas románticas sos una simplona, una idiota, que no tenés nada en la cabeza, que sos poco culta... También el género hizo bastante para que lo tuvieran en mal concepto, en la década del '90 las portadas de los libros eran de terror, no aportaron a que el género ganara un poco de respeto. Pero más allá de eso, se tiende a pensar que la novela romántica es de segundo nivel. Yo no podría escribir otras novelas, así que si hay prejuicios, tengo que luchar contra ellos.
–¿Qué aportan las novelas románticas?
–En mi caso, leyendo novelas románticas he aprendido muchísimo de historia, de costumbres, y mi vocabulario se ha enriquecido enormemente. Es una lástima que porque haya prejuicios, otras mujeres se priven de disfrutar de eso.
–Como escritora, ¿qué desafíos te plantea el género?
–Fundamentalmente el desafío de mejorar día a día... cada vez quiero escribir mejor, que la lectura sea más fluida, no recargarla tanto de adjetivos ni de adverbios, llegar a un registro más ligero pero con mucha acción. Y claro, el desafío más grande es crear historias que se queden para siempre en la mente de mis lectoras.
–¿Por qué cuando hablás del público lector decís “lectoras” y no “lectores”?
–Porque yo escribo para mujeres. Pero quizá eso esté mal. Debería pensar que escribo para mujeres y para hombres. De hecho, tengo lectores hombres que me escriben por mail y que están encantados con mis novelas.
–Hay un prejuicio de tu parte...
–¡Claro! Digo que escribo para mujeres y me estoy cerrando a que un montón de hombres disfruten la novela y pasen un lindo momento. Es parte del prejuicio que te lleva a pensar que a la novela rosa sólo la leen mujeres estúpidas. Hay hombres que las leen pero no te lo van a reconocer ni bajo tortura... sin embargo yo tengo muchos lectores que me escriben. Lo llamativo es que, tal vez para no mostrar sus lados sensibles, los hombres destacan más los aspectos históricos de mis novelas, y las mujeres destacan más la trama romántica. Indias Blancas, por ejemplo, fue comprada por muchos hombres porque estaba catalogada como novela histórica... pero yo me juego la cabeza a que ellos también disfrutaron la trama de amor.